¿Recuerdan ustedes 2016? El año en que se votó el Plebiscito por la Paz. También el año en que se votó el Brexit. El año en que fue elegido por primera vez Donald Trump. El año en que la participación popular, el voto de los ciudadanos en referendos y plebiscitos, y el éxtasis de la democracia alcanzó, quizá, su cumbre. ¿Qué ha quedado de todas aquellas apelaciones a la soberanía popular una década después?
Recuerdo la noche de nuestro plebiscito, cuando un amigo residente en Los Ángeles me llamó para preguntarme si los colombianos estaban locos, que cómo era posible que hubiesen votado que ‘no’ a la paz con las Farc. Yo traté de explicarle que ese tipo de resultados es lo que pasa cuando le das la voz al pueblo: que te dice lo que de verdad opina.
En el fondo ese fue el mensaje de 2016 y bien que los políticos aprendieron la lección: cuidado con darle la palabra a los ciudadanos, porque uno nunca sabe lo que pasará. Santos decidió preguntar a los colombianos sobre su acuerdo de paz con las Farc, y el pueblo dijo que no le gustaba. Cameron, el que fuese primer ministro británico, ya se la había jugado con el referéndum de independencia de Escocia, decidió jugársela de nuevo con el Brexit y los ingleses (porque fueron esencialmente ellos, no los escoceses, galeses e irlandeses del norte) votaron a favor de salir de la Unión Europea.

Menos resoluciones, más seguridad jurídica
Iván Martínez IbarraY en Estados Unidos hubo elecciones, los republicanos se arrojaron en brazos de Trump y contra todo pronóstico el pueblo americano eligió (ya dos veces) a Trump. Las consecuencias son bien sabidas: Reino Unido vive un caos político total y una decadencia económica profunda desde el Brexit. EE. UU. lleva diez años sufriendo una polarización política extrema con varias tentativas de asesinato del presidente y un intento de golpe de Estado (porque eso es lo que fue la toma del Capitolio). Y en Colombia, pues qué les voy a contar que no sepan ustedes.
La moraleja del 2016 es que nadie ha vuelto a confiar en el pueblo desde entonces y los que lo han hecho (como el gobierno mexicano en 2025 para la elección de jueces) han sido acusados de populistas. ¿Fue entonces una buena idea apostar por que la gente dijera lo que de verdad quería? Diré que no lo sé.
Lo que sí sé es que no creo que durante una buena temporada nadie vuelva a confiar tanto en los ciudadanos. Nuestro futuro inmediato no será de confianza en la voluntad popular. Y quienes digan si confiar, no lo duden: les estarán mintiendo.
