Columna

El costo de respirar

“El consumo de cigarrillo y vapeadores es una deuda que Colombia no puede seguir pagando...”.

CARMELO DUEÑAS CASTELL

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La humanidad ha sido testigo de la agresión del hábito de fumar. Hace casi 200 años ya se reportaban sus efectos deletéreos. El tabaquismo es la principal causa de muerte evitable en el mundo. Se trata de una epidemia silenciosa que asesina a más de 35.000 colombianos cada año. La Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) genera la mayor carga financiera para nuestro sistema de salud, por su carácter crónico y por su alta prevalencia. Un reciente estudio (PREPOCOL II) demostró que, en contra de la reducción de otras enfermedades, la EPOC viene en aumento. Pero el daño que ocasiona este mal hábito sobre el ser humano trasciende los pulmones. Además, están el cáncer de pulmón, las enfermedades cerebro cardiovasculares y otras más. El daño llega a las arcas del Estado, pues el gasto anual en la atención médica atribuible al tabaco representa más del 0.7% del producto interno bruto total de Colombia.

La EPOC exige un manejo constante que drena recursos en hospitalizaciones, cuidados intensivos y terapias de mantenimiento. Estamos gastando billones de pesos en tratar enfermedades prevenibles. La Ley 1335 de 2009 y la Ley 2354 de 2025 han regulado el consumo y la publicidad del tabaco y sus imitadores en espacios públicos. Pero la industria se camufla, en una metamorfosis perversa ha llevado al mundo a transitar de la lucha contra el cigarrillo tradicional hacia formas engañosas y cautivantes de daño pulmonar: los cigarrillos electrónicos y vapeadores. Estos dispositivos, con modernas tecnologías y sabores atractivos, emiten sustancias nocivas y metales pesados que contaminan el aire y dañan irreversiblemente los tejidos de quienes los usan y de quienes los inhalan pasivamente. Solo en Colombia, uno de cada cuatro estudiantes, entre 12 y 17 años, usa estos dispositivos arriesgándose a la adicción a la nicotina como puerta de acceso al tabaquismo. A nivel global, la estrategia MPOWER de la OMS busca proteger a la población, ofrecer ayuda para dejar el hábito y aumentar los impuestos, la medida más costo efectiva para reducir la demanda, especialmente en jóvenes.

La lucha contra esta adicción exige una labor conjunta de Estado, sociedades científicas, instituciones de salud, recurso humano en salud, padres de familia y comunidad en general para educar, dialogar y priorizar la salud sobre los intereses de una industria que invierte miles de millones en normalizar el daño. El consumo de cigarrillo y vapeadores es una deuda que Colombia no puede seguir pagando. Ya lo decía Jacobo I, hace más de 400 años: “Un hábito desagradable para la vista, repulsivo para el olfato, peligroso para el cerebro y nocivo para los pulmones”.

*Profesor en la Universidad de Cartagena.

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