Los Evangelios no son biografías de Jesús. Son relatos acerca de él, a la luz de la Resurrección dejados como testimonio por parte de los primeros seguidores del camino, seguros de ser templos del Santo Espíritu. La buena nueva que son los evangelios está enraizada en las acciones, las palabras y la vida toda de Jesús de Nazaret. Los relatos tienen así un telón de fondo histórico que refleja lo vivido por estos primeros testigos y garantes del anuncio fundamental: “¡Este Jesús, al que ustedes crucificaron, vive!”
Y los Evangelios nos ofrecen una imagen de Jesús como un verdadero actor social y religioso; como actor social expresan: su relación al entorno natural contemplando la naturaleza y el esplendor del cielo, sus discusiones y encuentros con los maestros de la ley y los fariseos, su clara postura ante el abuso de poder por parte de los gobernantes y la necesidad de devolver lo que no había sido propiedad bien habida por quienes se decidieran a seguirle. El mundo vivido fue objeto de la acción y de la palabra soberana de Jesús, impulsado por la profunda relación con el Dios al que llamó Padre, y su Padre.
Por ello la acción de Jesús como actor social y religioso se consolida como modélica para el compromiso cristiano con la realidad y su palabra orienta hacia la urgencia del compromiso con las transformaciones que conlleva la presencia, desde ya, de su Reino. No hay en Jesús dicotomía entre lo dicho y lo que realiza; y en la grandeza de su humanidad se toca la belleza de la divinidad. Por ello, el testimonio de los primeros generó alternativas que repercutieron en la sociedad y ante el poder. No eluden los cristianos la inserción en lo más serio de las situaciones con la seguridad de estar animados por la fuerza del Espíritu.
Mirar alrededor en tiempos de incertidumbre ante el contexto que vivimos hoy para descubrir los gritos de Dios señalando los horizontes de justicia, de solidaridad, honradez, fraternidad y paz que urge construir, es la gran opción política que no se deja manipular ni embelesar por ninguna propuesta que oriente hacia algo distinto de la defensa sin condiciones de la magnífica humanidad y la creación.
Uniendo los gritos de los pobres a los gritos de la tierra en cuidados intensivos, ante el cambio climático, inclemente e impredecible. Y en el corazón de todo esto nos anime la esperanza porque el Reino está presente ya, aunque no lo notemos. Es necesario mirar alrededor para saber discernir, interpretar en libertad y actuar en gratuidad, superando tanta palabra ofensiva y tanta mentira encubierta. Y ese es el desafío de una decisión fundamental, en tiempos de elecciones, que priorice al pueblo que camina entre tinieblas y quiere ver una gran luz.
*Teólogo Salvatoriano.
