Cartagena sigue siendo la joya de la corona: movimiento importante de cruceros por su bahía y un flujo constante de visitantes confirman que la ciudad es uno de los principales destinos turísticos del país. También las cifras económicas hablan de una ciudad dinámica, especializada en logística portuaria, una industria próspera y un PIB per cápita entre los cinco más altos de las capitales del país.
Sin embargo, conviene volver la mirada hacia otra Cartagena: la de los barrios donde muchas familias siguen viviendo con ingresos insuficientes, la de jóvenes que terminan el colegio sin una ruta clara hacia la educación superior o el empleo formal, y la de las mujeres jóvenes que quieren trabajar, pero encuentran puertas cerradas. El contraste de estas cifras indica que el crecimiento económico no se traduce por sí solo en mejoras indicadores sociales.
En un estudio reciente que realizamos con un grupo de coautores del Banco de la República y Fundesarrollo, publicado en la colección de Documentos de Trabajo sobre Economía Regional y Urbana (DTSERU No. 344), encontramos que ser joven en Cartagena es difícil. Los jóvenes enfrentan mayores dificultades que los adultos para conseguir trabajo, trayectorias laborales más inestables y una inserción frecuente en ocupaciones informales.
Incluso, para las mujeres jóvenes la situación es aún peor. Las estadísticas laborales muestran que solo alrededor de 4 de cada 10 tiene un empleo. Además, su tasa de desempleo fue superior al 30%, una cifra preocupante bajo cualquier métrica. Esto quiere decir que muchas jóvenes que quieren trabajar y están disponibles para hacerlo, no logran conseguir empleo. Y cuando lo consiguen, con frecuencia se trata de trabajos informales.
Esos resultados no deben interpretarse como falta de esfuerzo. Más bien, reflejan una acumulación de barreras: dificultades para acceder o permanecer en la educación superior y obtener las habilidades y competencias que requiere el sector productivo, responsabilidades de cuidado y normas sociales que todavía asignan a las mujeres una mayor carga dentro del hogar y un mercado laboral con limitaciones para absorber la mano de obra local.
Mi invitación es a mirar la falta de oportunidades juveniles como uno de los grandes desafíos sociales de Cartagena. Reducir la proporción de jóvenes que no estudian ni trabajan, ampliar el acceso a formación en educación superior conforme a las necesidades locales, fortalecer los servicios de cuidado disponibles y crear rutas efectivas hacia empleos formales no es solo una agenda de equidad del presente, sino también una apuesta por el futuro de la ciudad.
Estos temas se abordarán en el Webinar UTB-Banco de la República, el miércoles 3 de junio, a las 5 p. m., en la Biblioteca Bartolomé Calvo. Los esperamos.
