Columna

Lo que no puede ser el Estado Social

“En esto consiste el clientelismo, en convertir a los ciudadanos en clientes. La compra del voto hecha de un modo algo más refinado…”.

Alfredo Ramírez Nárdiz

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Hace un par de semanas salió la noticia: el Ingreso Mínimo Vital, una ayuda económica del Estado para aquellos con menos ingresos, alcanzó en España a casi 800 mil familias, beneficiándose de él un total de más de 2.5 millones de personas, que reciben una prestación mensual de unos 550 euros por hogar (entre 2.4 y 2.5 millones de pesos colombianos). ¿Es esta una buena o una mala noticia? Desde luego para las personas beneficiadas es una buena noticia. Y, creo yo, también para cualquier persona de buenos sentimientos, desde una perspectiva estrictamente moral. Que tus conciudadanos no pasen hambre y tengan recursos para una vida mínimamente digna es algo bueno. Más aun si se piensa que el subsidio citado beneficia especialmente a familias monoparentales con niños a su cargo.

Ahora bien, desde otra perspectiva, una más conceptual, más macro si se quiere, ¿es realmente una buena noticia que el Estado subsidie de una manera tan directa a millones de personas? Hay dos razones para discutirlo. En primer lugar, existe un riesgo cierto de clientelismo en este tipo de prácticas. Cuando no ya el bienestar, sino los ingresos más básicos dependen del Estado y este se identifica en su labor social con un determinado partido, ¿qué motivaciones tiene el ciudadano para votar a otros partidos si existe el riesgo de perder su subsidio? O, dicho de otro modo, ¿puede ser el voto realmente libre si el ciudadano sabe que si vota a otro partido quizá pierde el subsidio del que depende su subsistencia? En esto consiste el clientelismo, en convertir a los ciudadanos en clientes. La compra del voto hecha de un modo algo más refinado.

En segundo lugar, ¿es verdaderamente la finalidad del Estado Social subsidiar a los ciudadanos de un modo tan directo? No, desde mi concepción. El Estado Social debe promover la igualdad de oportunidades y esto se hace especialmente con educación pública, también con salud pública, pero ¿dando dinero en efectivo a los ciudadanos para su mantenimiento? No sé si eso es una perversión del Estado social. Amén de que implica un aumento del gasto público muy difícil de sostener en el largo plazo. En definitiva: ¿queremos una sociedad en la que millones de ciudadanos establezcan una relación de dependencia con el Estado? ¿Es sano para la democracia? ¿Es sostenible? El Estado Social es una conquista sumamente interesante, pero su exacerbación puede llegar a desvirtuarlo volviéndolo un peligro para el conjunto de la sociedad.

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