Hace más de 2.300 años, en un espacio sagrado en honor a Academos, se fundó la Academia de Atenas. Gracias a Platón la Academia fue cerebro y corazón de occidente y sobrevivió hasta que el emperador Justiniano la clausuró más de 1.000 años después. La escuela de Atenas, en el Vaticano, es un hermoso fresco de Rafael que incluye los más grandes sabios que en el mundo han sido.
La Academia de Medicina de Cartagena fue fundada en 1888 y desde entonces fue escenario de discusiones científicas multidisciplinarias. Durante décadas la sede de la Plaza del Tejadillo cobijó una pléyade de médicos que asesoró a la dirigencia de la región en problemas sanitarios y ha formado generaciones de profesionales de la salud. Hace tiempo la doctora Manuela Berrocal la dirige en sesudas reuniones semanales convocando un creciente número de académicos. Un mal día, en una de esas trapisondas burocráticas inexplicables, orquestadas por funcionarios de tercera, la Academia de Medicina fue clausurada y desalojada.
Un acto que en semiótica revela la importancia que algunos le dan al conocimiento, la ciencia y la memoria histórica. El desalojo lleva implícita una jerarquía de valores en la cual la reflexión y el pensamiento son un lujo prescindible que puede ser clausurado y desalojado por otras prioridades. No son muebles, archivos u oficinas lo que se clausuró; lo que se ha desplazado es el razonamiento científico, la consciencia médica histórica de una ciudad. Las academias representan una conversación que atraviesa generaciones, son un espacio de preguntas y crítica científica. Y cuando se intentan cerrar tales espacios de preguntas se termina empobreciendo las respuestas. Cuando una academia ocupa un lugar, este deja de ser solo paredes para convertirse en tradición, autoridad intelectual, independencia. La fortaleza reside en sus miembros y no en sus muros. Pero las academias no existen para beneficio de sus miembros. Custodian preguntas, documentos y memorias que las generaciones futuras necesitarán para enfrentar problemas. Conservan experiencias que el futuro usará para encontrar soluciones y resolver pandemias. La Academia de Atenas fue cerrada. Pero Platón siguió hablando. Mientras se espera una respuesta del gobernador de Bolívar, la doctora Berrocal seguirá liderando la Academia de Medicina en el hermoso Claustro de la Merced con la convicción de sus mayores: el conocimiento es una forma de servir. Esa es la verdadera sede y de ella no puede ser desalojada. En todo caso, todos hemos oído de Platón. El mundo entero vive, aún sin saberlo, de su filosofía, tanto sus seguidores como sus detractores. Afortunadamente, creo que nadie sabe quién fue Justiniano.
