Democracia es una palabra de origen griego: dēmokratía, demos, “pueblo” y kratos, “poder”, poder del pueblo que fue acuñada en Atenas para referirse a su forma de gobierno, instaurada en los últimos años del siglo VI a. C. Clístenes (508-507 a.C.), considerado el verdadero padre de la democracia ateniense. Reorganizó el sistema político dividiendo a los ciudadanos en diez tribus, creando la Bule (consejo de 500 ciudadanos) y dándole más poder a la Asamblea (Ekklesía) para garantizar la igualdad ante la ley. Las características de este sistema eran: Democracia directa, donde los ciudadanos debatían, proponían y votaban las leyes en asambleas y la Participación activa, donde el ciudadano tenía la obligación de intervenir en la vida pública. Pero excluían de la toma de decisiones a las mujeres, los esclavos y los extranjeros residentes en el territorio.
Hoy la democracia contemporánea es un sistema político y social donde el pueblo ejerce el poder para elegir autoridades territoriales y representantes a corporaciones públicas a través del voto, libre y secreto. Este modelo se fundamenta en pilares claves como: Estado de Derecho y Constitución, poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial para evitar la concentración y los abusos de autoridad; garantizar la libertad de expresión, prensa, asociación y manifestación, Mecanismos de participación: además del voto incorpora los plebiscitos, referendos, consultas populares o presupuestos participativos.
La República de Colombia es un estado social de derecho, democrático donde el pueblo ejerce su soberanía a través del voto, entregando el poder a quienes elige como autoridades territoriales y representantes a corporaciones públicas. Nuestro sistema de gobierno es un ideal patriótico enmarcado en la Constitución de 1991, que aún está en proceso de construcción, por eso es una misión nacional salvaguardarlo y enriquecerlo a través del cumplimiento de los derechos y deberes ciudadanos.
Hoy, más que nunca, cuando estamos en el debate electoral para elegir presidente de la República periodo 2026 – 2030, vuelve a la palestra la necesidad de reconciliación nacional, de dejar los odios, la violencia y de unir esfuerzos para brindar oportunidades de superación humana a ese gran número de compatriotas que viven en la pobreza. A estas alturas de la humanidad, nuestra nación merece vivir en paz y eso se logra con la disposición de todas las fuerzas vivas. Elijamos presidente a conciencia y respetemos a quienes piensan diferente a nosotros. Solo así la Señora Democracia dejará de ser un espejismo para convertirse en realidad.
