Terminó la primera vuelta presidencial y hemos escuchado los discursos de los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta, intolerantes y rabiosos. Mal ejemplo del presidente Petro y Cepeda, sembrando duda de la legalidad del proceso electoral. Quienes conocen mis columnas y mi blog saben que estuve hasta el punto final con Paloma Valencia con el deseo de ver una gran mujer gobernar a un indómito país con el que muchos de sus hombres no pudieron. Con firmeza y justicia social. Se perdió la oportunidad. A quienes -como yo y millones de colombianos de pensamiento crítico- queremos más democracia y no menos, por muy defectuosa que sea, debemos tener en cuenta que el señor Abelardo De la Espriella ha prometido mantener y cuidar las libertades... ojalá de corte liberal, permitiendo el libre mercado, un estado social de derechos y que todo colombiano logre acceso a los mínimos vitales. Ojalá dentro de su programa de gobierno -hasta el sol de hoy poco se conoce- incluya el cómo va a disminuir la brecha social y económica; las desigualdades en Colombia son un caldo de insatisfacción que el discurso de la izquierda se robó, pero también el primer gobierno de izquierda se ha robado las ilusiones de muchos que creyeron en el cambio y fue más de lo mismo... y peor. Ojalá esta vez sí tengamos un debate entre los dos candidatos, del cual nos privaron hasta la primera vuelta. Hoy confieso que la forma de hacer la política me sobrepasó. La forma de medición de las tendencias no la entendí y la ley de mordaza fue una confusión para todos, pero los pocos que la entendieron la capitalizaron bien. Dicho esto, le pido al señor Abelardo que no se diga más ‘El Tigre’, en un país de alias no podemos tener un presidente con un alias. Un llamado a los candidatos a evitar incitar el odio y la ira de sus “fans”, la Presidencia es una dignatura y ambos saben que no van a encontrar una situación fiscal y de orden público fácil de manejar. Un sistema de salud y educación deteriorado; una inflación que castiga fuertemente al pobre. Hace dos días he estado pensando en “La metamorfosis de la ira”, escrita por Cristina Esguerra, en abril de 2024, rememoraba cómo Esquilo en la Orestíada creó en Grecia instituciones políticas para acabar los ciclos de violencia aupados por las Erinias y que Atenea resaltó la majestad de los jueces. Dice Cristina, parodiando a Martha Nussbaum en su libro La ira y el perdón (lo recomiendo para estos días): “Esta jugada de Atenea usualmente se ha interpretado como un reconocimiento de que los sistemas legales deben incorporar y honrar las pasiones oscuras y vengativas-Esquilo-”. La filósofa Nussbaum se aparta de Esquilo para hacer un llamado a las huestes de lado y lado, todo un país espera una alianza en paz y de honor para sacarnos del hueco en que estamos. La revancha, la ira y el odio son pésimos consejeros, las famosas emociones tristes de las que habla Mauricia García Villegas. Merecemos mejores años. Las regiones tienen necesidad de elevar su estándar de vida. La costa Pacífica y la Caribe deben ser polos de desarrollo y no de miserias. Y la criminalidad que se ha tomado a todo el país debe regresar a un estado de tranquilidad y convivencia.
