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Columna

Día del Campesino

“El Día del Campesino no debería limitarse a una fecha de celebración anual, debe convertirse en un recordatorio de las obligaciones, sin cumplir, del Estado, sus instituciones...”.

GIL ALBERTO FALCÓN PRASCA

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En Colombia, el Día Nacional del Campesino se conmemora tradicionalmente el primer domingo de junio, cayó el 7 de junio de 2026, instituido por el Decreto 135 de 1965. Es una fecha para reconocer a los 14,9 millones de campesinos del país.

En ese día las alcaldías y gobernaciones transmiten un mensaje de gratitud, sin embargo, detrás de dicha conmemoración persiste una incómoda contradicción: el país escucha sus aplausos durante un día, a quienes ha ignorado por generaciones.

Históricamente el campo colombiano fue convertido en escenario de violencia, abandono estatal, los actores armados han cambiado, y las comunidades rurales continúan atrapadas entre la violencia, la inseguridad y la exclusión económica.

Sería injusto desconocer los avances de los 4 últimos años, con el gobierno del cambio, avances importantes en temas de reconocimiento como víctimas, de su indemnización, en la restitución y formalización de tierras despojadas con violencia.

El desplazado, la víctima del despojo, para los partidos alternativos es un sujeto de derechos, es un campesino que aún anhela el olor de una parcela propia con su familia, con el sonido de un río, de sus animales, que sueña volver a escuchar.

Ninguna reforma agraria será suficiente si la violencia continúa afectando a los campesinos, el Estado debe cumplir el acuerdo de paz, apoyar al campesino colombiano es vital para la seguridad alimentaria y el desarrollo del país.

El Día del Campesino no debería limitarse a una fecha de celebración anual, debe convertirse en un recordatorio de las obligaciones, sin cumplir, del Estado, sus instituciones, con quienes garantizan la seguridad alimentaria con mucho esfuerzo.

Existe una realidad muy preocupante, los adultos mayores permanecen en el campo, mientras las nuevas generaciones migran a los centros urbanos, huyen por falta de oportunidades, de servicios básicos, por sueños de una estabilidad económica.

Se les tuvo en cuenta en los acuerdos de paz con las Farc, en la reforma laboral; los diferentes sectores políticos, económicos y sociales se han beneficiado del trabajo y esfuerzo campesino; sin embargo, es mucho lo que hay que hacer para cumplir.

Petro, ha impactado cerca de 2,5 millones de hectáreas, 700.000 hectáreas gestionadas para el Fondo Nacional de Tierras, 1,8 millones de hectáreas formalizadas y tituladas a campesinos, indígenas y comunidades afrocolombianas.

Iván Cepeda, en sus propuestas de gobierno, seguirá con soberanía alimentaria, compras estatales de productos, ley reforma agraria, 1 millón hectáreas adicionales, razones de hecho y de derecho para hacerlo presidente el 21 junio 2026.

*CUT Bolívar.

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