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Columna

Cartagena puede convertir la educación en su gran proyecto para celebrar sus 500 años

“La inversión pública ya abrió el camino. El siguiente paso es construir un liderazgo compartido que convierta la educación en el principal proyecto colectivo de la ciudad”.

Álvaro González Fortich

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La ciudad vive uno de los momentos más importantes de su historia reciente en materia de educación. La Alcaldía de Cartagena ha puesto en marcha una inversión histórica superior a $400.000 millones para fortalecer la infraestructura educativa. A ello se suma el aporte del sector privado, que, a través de alianzas entre varios, como la Fundación Santo Domingo, ya permitió la puesta en funcionamiento de colegios de referencia en Ciudad Bicentenario, entre ellos el primer colegio público bilingüe de la ciudad.

Para mantener el pie en el acelerador, la ciudad debe hacer un esfuerzo coordinado entre el sector público, el sector privado y la sociedad civil, en tres frentes:

El primer frente debe ser la calidad educativa. Esto implica fortalecer las capacidades docentes, el liderazgo escolar, el bilingüismo, las competencias digitales y la articulación con la educación superior y el empleo. Existen señales alentadoras. La participación de la Secretaría de Educación en iniciativas de toma de decisiones basadas en evidencia como CEPE y la llegada de proyectos de pagos por resultados para mejorar lectura y matemáticas, tales como OFFER, muestran que es posible innovar y medir impacto. El reto es escalar estas experiencias.

El segundo frente es consolidar la infraestructura ¿Cómo podemos sumar recursos a lo que ya inició la Alcaldía? Con instrumentos como Obras por Impuestos se pueden acelerar mejoras, dotaciones y adecuaciones en aquellos establecimientos que aún requieren intervención; este año se está poniendo a prueba el mecanismo, esperamos que, para los próximos años Obras por Impuestos se mantenga y engrandezca.

El tercer frente es la tecnología. La educación del siglo XXI exige conectividad, herramientas digitales e inteligencia artificial al servicio del aprendizaje. Integrar estos recursos, especialmente en combinación con estrategias de bilingüismo, permitirá preparar mejor a los estudiantes para un entorno cada vez más global y competitivo.

Cartagena no parte de cero. Organizaciones, empresas y redes locales han acumulado experiencia valiosa en educación e innovación social. Ahora corresponde articular esos esfuerzos alrededor de una agenda común, con metas claras y mecanismos efectivos de coordinación.

La inversión pública ya abrió el camino. El siguiente paso es construir un liderazgo compartido que convierta la educación en el principal proyecto colectivo de la ciudad. Si actuamos con visión y continuidad, Cartagena llegará a sus 500 años con transformación educativa. ¿Quiénes se apuntan?

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