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Columna

¿De quién es la culpa?

“Esa narrativa antifeminista desconoce la realidad de muchas, de que su hogar puede ser una cárcel cruel y despiadada, u otra serie de dificultades en las que tener voz y voto marca una diferencia vital”.

MARTHA AMOR OLAYA

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Recientemente estalló el debate público sobre el deseo de un grupo de mujeres en Estados Unidos, de promover el voto familiar y así prescindir de su derecho al voto, porque consideran suficiente el de sus esposos.

Junto a este planteamiento nefasto está la ola creciente de las ‘tradwife’, que incluye la estética de una mujer en delantal, en una cocina bien dotada, con la que reafirman que el ideal femenino es permanecer ahí, haciendo tareas domésticas y siendo una “buena madre y esposa”.

Las feministas, claras en el retroceso que esto implica en materia de derechos, les enviamos el mensaje a estas mujeres, de que hoy tienen la libertad de poder elegir ser lo que quieran ser, inclusive, una esposa encerrada en la cocina. Si eso es lo que desean, no hay nada de malo en ello. Lo malo es que aquellas que no quieren estarlo, deban asumirlo como destino inexorable.

No hay que olvidar además que este estereotipo de mujer (tradwife) habla desde el privilegio, suelen ser mujeres que estudiaron en grandes universidades, se mueven en los mejores clubes, se entrenaron en deportes o artes para ser aún más “admirables”, y eligen (o son elegidas por) parejas que les conceden mansiones y empleadas suficientes para que “quedarse en casa” suponga una especie de paraíso y no, lo que ocurre con la inmensa mayoría de mujeres, en un mundo desigual, en donde las tareas domésticas y de cuidado acaparan su tiempo y toda su fuerza productiva, privándolas de la libertad de elegir la vida que desean y los lugares que les gustaría habitar.

Esa narrativa antifeminista desconoce la realidad de muchas, de que su hogar puede ser una cárcel cruel y despiadada, u otra serie de dificultades en las que tener voz y voto marca una diferencia vital. Entonces, decidir y opinar al respecto resulta, por decir lo menos, bastante insensato desde aquel filtro acomodado de estas mujeres “tradicionales”.

Cuando leí por primera vez ‘El Cuento de la Criada’ me pareció exagerada la comparación que muchos en su momento hicieron con la vida real. Hoy tristemente pienso que en efecto es una excelente metáfora para analizar lo que están haciendo estas mujeres conservadoras en Estados Unidos y los demócratas, junto al actual presidente para eliminar el voto femenino, como un primer movimiento peligroso para controlar y decidir sobre la vida de las mujeres. El problema central en la distopía escrita por Margaret Atwood, para eliminar los derechos de las mujeres hasta convertirlas exclusivamente en “criadas” o “esposas” era justamente el descenso de la natalidad, que hoy sabemos es una de las grandes preocupaciones del mundo consumista junto con el envejecimiento de la población.

En la reciente entrega del informe de calidad de vida de Cartagena Cómo Vamos, se estima que para 2026 por primera vez la ciudad presentará una disminución de su población, y que solo en 9 años, la población mayor será superior a la de los menores de 15 años. De esto también culpan a las mujeres y al feminismo, y por eso devuelvo la pregunta: por qué será que muchas mujeres en el mundo están decidiendo postergar tener hijos o no tenerlos. En las respuestas que surjan seguramente estará el camino para solucionar el problema de la baja natalidad, y créanme que no es ni obligar a las mujeres a parir, ni mandarlas para la casa y mucho menos, quitarles el voto, ese es el camino facilista de los que nunca cargan con la culpa y suelen imponerse por la fuerza.

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