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Columna

III Congreso Caribe en Santa Marta

“En esta auténtica batalla, que se está viviendo desde hace ya más diez años, la judicatura es una de las trincheras más poderosas de las que aun goza la democracia liberal…”.

Alfredo Ramírez Nárdiz

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Esta semana me encuentro de vuelta en la Costa para participar como ponente en el III Congreso Regional de la Jurisdicción de lo Contencioso Administrativo del Caribe Colombiano, que se celebra en la ciudad de Santa Marta. Vaya por delante mi agradecimiento a mis queridos Jean Paul Vásquez y Juan Pabón por haberme propuesto participar en esta importante reunión de la judicatura del Caribe, en la hermosa ciudad fundada por Rodrigo de Bastidas. Mi ponencia tratará sobre las cada vez más complejas relaciones entre los jueces y el populismo. Así que, si me lo permiten, les contaré brevemente cómo están las cosas en el presente en esta materia.

El populismo es la ideología de moda. Tristemente. La idea según la cual, una vez el gobernante ha sido elegido democráticamente por los ciudadanos, tiene libertad para hacer lo que le dé la gana y ningún otro órgano constitucional del Estado es nadie para limitar su poder, ni la prensa libre quién para investigarle y someterle a escrutinio constante. Esa idea se ha consolidado ya en multitud de países tanto en Europa como en América y va camino de convertirse en el estándar de nuestros tiempos. No es una ideología democrática, aunque lo parezca, ni empodera al pueblo, aunque lo diga. El populismo es autoritario y lleva inevitablemente a la degeneración democrática y, con ella, a la pérdida de libertades. No es izquierdas, ni de derechas, aunque se sirva de esos ropajes, sino que vive en una nueva realidad en la que la oposición es entre populismo y democracia liberal, entre que no haya y que sí haya límites al poder votado por los ciudadanos.

En esta auténtica batalla, que se está viviendo desde hace ya más diez años, la judicatura es una de las trincheras más poderosas de las que aun goza la democracia liberal. Por eso el populismo vive con obsesión su enfrentamiento con unos jueces a los que trata de deslegitimar acusándolos, entre otras cosas, de lawfare; a los que busca vaciar de poder; y a los que ansía ocupar y controlar.

Mi ponencia tendrá un mensaje claro dirigido a los jueces del Caribe: resistan. No cedan al poder político. No se rindan y recuerden que ustedes sólo deben obedecer a una cosa: a la Constitución y al imperio de la ley. Los gobernantes y las mayorías políticas son coyunturales. Van y vienen como el viento que se llevó la hojarasca. Lo que debe perdurar a cualquier precio son los límites al poder, porque sin ellos no hay libertad y sin libertad no haya nada.

*Universidad Autónoma de Barcelona.

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