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Columna

El verdadero centro (I) no está entre la izquierda y la derecha

La principal fractura del país dejó de ser ideológica. Hoy es emocional.

Fabián Gómez Caro

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Hay debates políticos que, aunque dominan la conversación pública, nacen de una pregunta equivocada.

El más reciente gira alrededor de si el Centro Democrático debe definirse como un partido de derecha o de centro. Editoriales, entrevistas y redes sociales han intentado ubicarlo en el espectro ideológico como si de esa respuesta dependiera el futuro político del país.

A mi juicio, no. Porque el problema ya no es dónde están ubicados los partidos. El problema es que Colombia cambió de eje y buena parte de la dirigencia política todavía no lo ha entendido.

La principal fractura del país dejó de ser ideológica. Hoy es emocional.

Durante décadas organizamos la política alrededor de categorías como izquierda, centro y derecha. Aquellas etiquetas eran útiles cuando la discusión giraba alrededor del tamaño del Estado, el modelo económico o la política de seguridad.

Hoy explican cada vez menos el comportamiento electoral.

Los ciudadanos no solo votan por ideas. Votan por esperanza, miedo, orgullo, indignación, confianza o rechazo.

La ciencia política ha denominado este fenómeno “polarización afectiva”: un escenario en el que los ciudadanos dejan de discrepar únicamente sobre políticas públicas y comienzan a construir su identidad alrededor de afectos y desafectos. El adversario deja de ser un contradictor democrático para convertirse en alguien cuya sola llegada al poder resulta intolerable.

Eso explica mejor la política colombiana que cualquier clasificación ideológica.

Durante la última década el país interpretó la realidad, primero entre uribismo y antiuribismo; después petrismo y antipetrismo. En ambos casos, las lealtades dejaron de construirse alrededor de programas de gobierno para organizarse alrededor de identidades emocionales.

Ese ciclo parece entrar ahora en una nueva etapa.

Es probable que una parte de la oposición, particularmente el Pacto Histórico, encuentre en el “antiabelardismo” el nuevo eje de articulación política. Sería la continuidad de una lógica que ha demostrado eficacia electoral: construir una identidad colectiva a partir de la oposición frontal al liderazgo del momento.

Puede ser una estrategia eficaz para competir. Pero difícilmente será una estrategia eficaz para reconciliar al país.

Por eso considero insuficiente el debate sobre si el Centro Democrático es de centro o de derecha.

La verdadera discusión consiste en preguntarnos si Colombia necesita reinventar el concepto mismo de centro. No como una posición equidistante entre dos extremos. Sino como un proyecto nacional.

Un proyecto capaz de movilizar emociones positivas en una sociedad cansada de la confrontación permanente. Un proyecto que haga del trabajo el gran valor público de la nación; que convierta el esfuerzo, el mérito y la productividad en el lenguaje común de los colombianos y en el principal camino hacia la prosperidad, la movilidad social y la reconciliación nacional. Un proyecto que fortalezca la seguridad como garantía de la libertad, recupere la confianza en las instituciones, impulse el desarrollo de las regiones y reconstruya un sentido de pertenencia alrededor de un propósito compartido.

Ese es el verdadero centro. No el que busca quedar bien con todos. El que logra que millones de colombianos vuelvan a creer en un mismo destino.

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