He defendido con ahínco, e incluso expuesto mi vida con varios casos de abuso sexual contra mujeres a las que he apoyado, investigando y asesorando. Esas conductas de violencia me parecen inadmisibles e intolerables. Precisamente por eso me resulta tan doloroso ver cómo se manejan algunos de estos asuntos cuando llegan al escrutinio público.
Luego de revisar los videos que circulan sobre las denuncias contra el periodista Rafael Poveda, una conclusión se impone con claridad: el caso fue presentado de forma apresurada y deficiente. No me atrevo a afirmar si es culpable o no. Lo que sí puedo decir es que esos materiales generan más dudas que certezas y, en la práctica, terminaron perjudicando la credibilidad de la denunciante. Primó el impacto mediático sobre la solidez del caso.
Me causa especial impresión que, teniendo todo el tiempo del mundo, se haya expuesto un tema tan delicado de esa manera. Cuando se elabora un contenido de esta gravedad, lo mínimo es revisarlo con rigor, anticipar las posibles lecturas del público y hacer un verdadero control de daños. Si después de ese ejercicio se concluye que el material debilita a quien denuncia, la decisión responsable es sencilla: no publicarlo. Que se haya optado por sacarlo de todas formas solo puede significar una cosa: el caso pende de un hilo muy delgado.
Hay, además, elementos de la cronología pública que merecen atención de quienes investigan estos temas. Según un artículo de Pulzo, los hechos con Poveda habrían ocurrido en 2019. Sin embargo, en una entrevista de El Espectador de diciembre de 2024, Sofía Vela relató que a los 18 años tuvo que tirarse de un taxi porque el conductor iba a abusar de ella. En el propio testimonio contra Poveda menciona que ese intento de abuso por parte de un taxista ocurrió en 2018. Al mismo tiempo, en esa misma entrevista de 2024 afirma que en 2020, cuando fundó su organización, tenía 30 años. Estas declaraciones, puestas una al lado de la otra, generan inconsistencias temporales difíciles de conciliar y que debían haber sido revisadas con mayor cuidado antes de la exposición pública.
La lucha contra el abuso no se fortalece con precipitaciones ni con relatos que, al ser presentados de forma incompleta o confusa, terminan sembrando más sospechas que convicciones. Se fortalece con rigor, con pruebas, con respeto por el debido proceso y con la conciencia de que cada exposición pública mal hecha debilita el terreno para quienes realmente necesitan ser escuchadas.
Hay temas que no admiten improvisación. Este es uno de ellos.
*Candidato Magister en Derecho Penal.

