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Columna

Aguas de Cartagena: antes de cambiar, hagamos las cuentas

Se trata de preguntarnos: ¿qué modelo le garantiza mejor servicio a Cartagena durante los próximos treinta años?

Giorgio Araújo

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El alcalde Dumek Turbay viene realizando obras importantes y visibles por toda Cartagena. Hay que reconocerlo. Precisamente por eso considero que una decisión tan trascendental como convertir el manejo del agua nuevamente en una empresa 100% pública merece una reflexión serena, técnica y sin ideologías.

No se trata de defender lo privado ni de atacar lo público. Se trata de preguntarnos: ¿qué modelo le garantiza mejor servicio a Cartagena durante los próximos treinta años?

Los cartageneros que vivimos la ciudad antes de 1995 recordamos perfectamente lo que significaba abrir una llave y no encontrar agua. Muchas familias almacenábamos agua permanentemente en tanques y recipientes.

Los números confirman esa memoria. Cuando comenzó Aguas de Cartagena en 1995, la cobertura de acueducto era aproximadamente del 73,1%. Una década después había llegado prácticamente al 99,9%. Hoy la cobertura de acueducto continúa alrededor del 99,9% y la de alcantarillado ronda el 98%.

Fue una transformación histórica.

Aguas de Cartagena tampoco es una empresa totalmente privada. El Distrito posee el 50% de sus acciones. Es un modelo mixto que durante treinta años combinó propiedad pública con conocimiento, administración y participación privada.

¿Significa eso que Acuacar es perfecta? Por supuesto que no.

Los problemas recientes de continuidad, las roturas de tuberías y las deficiencias que todavía existen deben corregirse. Cartagena necesita nuevas inversiones, mayor capacidad, redundancia en sus redes y, especialmente, dar el gran salto ambiental hacia un tratamiento integral de sus aguas residuales, más allá del actual pretratamiento y emisario submarino.

Pero una cosa es mejorar un modelo y otra muy diferente reemplazarlo sin demostrar previamente que el nuevo será mejor.

El alcalde ha mencionado a EPM como referente. Magnífico ejemplo. EPM demuestra que una empresa 100% pública puede ser extraordinaria.

Pero estudiémosla completa.

EPM no funciona bien simplemente porque sea pública. Tiene décadas construyendo gobierno corporativo, reglamentos de Junta, comités especializados, mecanismos de transparencia y barreras institucionales destinadas precisamente a proteger la empresa de la interferencia política.

También tenemos que mirar a EMCALI. Fue uno de los grandes orgullos empresariales de Colombia, pero atravesó posteriormente graves problemas financieros, burocratización, interferencia política e intervención estatal. Hoy trabaja nuevamente por recuperar disciplina empresarial y fortalecer su gobierno corporativo.

Las dos experiencias dejan una enseñanza extraordinaria: el verdadero debate no es público contra privado. Es buen gobierno contra mal gobierno.

Por eso, antes de cambiar Aguas de Cartagena, la ciudad merece conocer las cuentas.

¿Cuánto costará crear y capitalizar la nueva empresa? ¿Cuánto deberá invertir Cartagena durante los próximos 10, 20 y 30 años? ¿De dónde saldrán esos recursos? ¿Quién nombrará al gerente y a su Junta Directiva? ¿Qué blindajes impedirán que algún día la empresa termine convertida en un fortín burocrático?

Y la pregunta fundamental: ¿qué recibirá mejor el ciudadano como consecuencia del cambio?

Las instituciones no deben diseñarse pensando solamente en el buen alcalde que podamos tener hoy. Deben estar preparadas para sobrevivir también al peor alcalde que podamos elegir mañana.

Alcalde Dumek: si queremos aprender del milagro de EPM, aprendamos primero de sus blindajes institucionales. No basta con copiar que sea 100% pública.

Tal vez los estudios demuestren que una nueva empresa pública es la mejor alternativa. Si es así, avancemos.

Pero también podrían demostrar que resulta más conveniente fortalecer lo que tenemos, exigir mayores inversiones, mejorar el gobierno corporativo y destinar nuestros recursos a agua, alcantarillado, tratamiento de aguas residuales e infraestructura.

El agua no pertenece a un alcalde, a un operador privado ni a un partido político.

El agua pertenece a los cartageneros.

Abramos los números. Publiquemos los estudios. Compare­mos las alternativas.

Y después decidamos.

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