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Columna

Código de Dios

“Se trata de un avance gigantesco para generar terapias adaptables contra patógenos que evolucionan rápidamente. El avance, prometedor sin duda, abre interrogantes sobre seguridad y protección biológica…”.

CARMELO DUEÑAS CASTELL

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Le prometió que sus descendientes serían tan numerosos como los granos de arena en la orilla del mar; sin embargo, los humanos somos muy pocos comparados con otros seres en la tierra. Hay 120 trillones de bacterias por cada persona. Afortunadamente existen los bacteriófagos, virus encargados de controlar a las bacterias y hay 10 de ellos por cada bacteria. De hecho, se estima que hay un billón de fagos por cada grano de arena y son los organismos más numerosos en el planeta.

Uno de los principales problemas en medicina es la capacidad que han desarrollado las bacterias de ser resistentes a los antibióticos. Así, cuando una persona tiene una infección cada vez es más difícil encontrar un antibiótico que sea capaz de matar a la bacteria y curar la infección. Con esto en mente, un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford empleó la Inteligencia Artificial (IA) para resolver este problema.

Hasta ahora la IA se había usado para diseñar genes o proteínas individuales y se hacia impensable el diseño de “sistemas biológicos complejos”. En el número más reciente de la revista científica Science se publicó el resultado del estudio liderado por el doctor King, en el cual utilizaron dos modelos de IA: Evo 1 y Evo 2, para generar bacteriófagos contra una bacteria resistente, la Escherichia coli.

Para esto los modelos fueron entrenados con gigantescas cantidades de material genético de todos los dominios de la vida. Así pudieron producir miles de genomas por IA, de los cuales sintetizaron y probaron casi 300. De ellos obtuvieron 16 fagos viables. Los 16 fagos eran totalmente diferentes a cualquier fago natural y los investigadores encontraron que una mezcla de ellos superó a las cepas resistentes de E. coli. Hasta ahora diseñar genomas completos había sido una utopía. En poco tiempo la IA produjo estos bacteriófagos que hubieran tardado millones de años en producirse mediante la evolución natural.

Se trata de un avance gigantesco para generar terapias adaptables contra patógenos que evolucionan rápidamente. El avance, prometedor sin duda, abre interrogantes sobre seguridad y protección biológica. Ya la ciencia es capaz de crear genomas virales, pero aún no existe la gobernanza para hacerlo de manera segura. Así, podrían codificarse nuevos patógenos capaces de infectar seres humanos, plantas o animales de formas que las medidas existentes no puedan contener. Evo 1 y Evo 2 son de código abierto y están disponibles. Esperemos que la ciencia no tenga que parafrasear al Dr Frankestein en la obra de Shelley “¿Cómo expresar mi emoción ante aquella catástrofe, o describir al engendro que con tanto esfuerzo y cuidado había intentado formar?”.

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