El terremoto del 10 de agosto nos recuerda una prioridad: ante una emergencia, la vida, las familias y las necesidades urgentes están primero. Pero surge otra pregunta: ¿cómo evitar que la afectación física de un territorio se convierta en una pérdida duradera de su capacidad productiva?
Reconstruir no es solo recuperar viviendas, vías y servicios públicos. También es preservar las capacidades con las que las personas trabajan y construyen sus proyectos de vida. Una empresa es mucho más que el lugar donde funciona: a su alrededor hay empleos, ingresos familiares, proveedores, clientes e inversión. Cuando un negocio deja de operar, el impacto alcanza a la comunidad.
La información de Confecámaras permitió dimensionar la exposición. En cinco departamentos existe una línea base de 269.786 empresas y 1’396.020 empleos potencialmente afectados. No son daños confirmados, sino el universo empresarial expuesto.
Para pasar de la estimación a la acción, la Red de Cámaras puso en marcha el Censo Único de Emergencia. Este recoge información de empresarios y comerciantes para conocer sus afectaciones y orientar la respuesta.
Los resultados preliminares preocupan. Entre las empresas que han respondido, el 85,8% reportó alguna afectación. De las afectadas, el 48,4% no puede operar y el 49,6% presenta una situación grave o crítica. El 91,9% son microempresas y el 87% pertenece al comercio y los servicios.
Detrás de las cifras hay tiendas, talleres, restaurantes y negocios familiares que sostienen el empleo y la economía local. Los datos aún no son un balance definitivo, pero permiten reconocer urgencias y focalizar la recuperación.
El censo demuestra el valor de la articulación convertida en acción. El conocimiento empresarial, la presencia territorial y la cercanía de las cámaras permiten transformar información dispersa en decisiones pertinentes. Los territorios no tienen la misma estructura productiva ni se recuperan igual.
Aunque hoy la urgencia está en las regiones golpeadas, esta experiencia deja una enseñanza para Cartagena y Bolívar: la preparación no puede comenzar cuando ocurre la crisis. Debemos fortalecer la continuidad de los negocios, la gestión de riesgos y la capacidad de adaptación, especialmente entre las micro y pequeñas empresas.
La recuperación productiva exige sumar esfuerzos entre autoridades, cámaras de comercio, gremios, empresarios, sector financiero, academia y cooperación. Ninguna institución puede responder sola.
Reconstruir significa devolver condiciones para habitar, trabajar y producir; acompañar a las empresas para que vuelvan a abrir sus puertas y preservar las capacidades con las que su gente podrá recuperar la confianza y seguir construyendo futuro.

