Estamos de acuerdo en la ejecución de grandes obras que requiere nuestra ciudad, para atender las múltiples necesidades de la población en materia de desarrollo urbano, lo cual se constituye en parte fundamental para que Cartagena recupere ese pedestal que la situaba como la capital de caribe colombiano. Como hemos evidenciado en nuestras investigaciones sobre la historia de la administración pública local, la dificultad para el progreso urbanístico de Cartagena lo constituye el hecho de la falta de continuidad en la ejecución de proyectos de beneficio colectivo entre la administración de un Alcalde y la siguiente, lo que origina una pérdida de tiempo invaluable.
En esa línea de tiempo destacamos el periodo de gobierno del exalcalde Gabriel Antonio García Romero (1992-1994), cuando se elaboró una súper estructura administrativa, se construyeron obras significativas dentro del eterno proyecto de dragado y canalización de caños y lagunas para la implementación del transporte acuático; sin embargo la alcaldía siguiente derogó la organización del gobierno recibida y hasta hoy no se han concluido la ejecución de obras que permitan hacer realidad la movilización de naves entre los cuerpos de agua internos con la bahía. Luego se requiere que los inquilinos del Palacio de la Aduana tengan la magnanimidad de construir sobre lo construido para el beneficio colectivo, aquí tenemos que reconocer el empeño del alcalde Dionisio Vélez en culminar las obras para poner a funcionar a Transcaribe en el año 2015, proyecto iniciado 12 años antes en la administración del exalcalde Carlos Díaz y continuado por el exalcalde Alberto Barbosa.
El caso del gobierno de Dumek Turbay es un hecho a destacar en la historia administrativa reciente, por la ejecución de importantes obras en las comunidades y para el sector turístico, como la recuperación del territorio de Chambacú y la construcción en el sector de un Complejo Deportivo, así como el Proyecto del Gran Malecón del Mar, que impactará positivamente la presencia de visitantes nativos y foráneos atraídos por la magia del Mar Caribe. Todos estos relatos nos sirven como base para afirmar que el futuro de las ciudades se forja en largas jornadas de trabajo, en las que sus fuerzas vivas, alimentadas de una ciudadanía consciente y participativa, unen esfuerzos e ideales, despojándose de sus intereses individuales para abrazar sueños colectivos de superación humana. En Cartagena podemos hacer realidad esa ilusión de sentarnos en la misma mesa con igualdad de condiciones, para dialogar sobre la integración social por Cartagena.
