Hace más de 4.500 años en el valle del Indo ya había un sistema de alcantarillas, primigenia evidencia de ingeniería sanitaria. Después los judíos establecieron el lavado de manos y protocolos de aislamiento o cuarentena. Luego los romanos construyeron gigantescos acueductos y desecaron pantanos para combatir el “mal aire” que hoy llamamos malaria. Avances gigantescos redujeron la mortalidad global y triplicaron la expectativa de vida. La tasa de mortalidad en Cartagena hace 150 años, según Urueta y Gutiérrez de Piñeres, era 101 por 1.000 personas, primordialmente por infecciones (TBC, tétanos y otras). Ahora, según estudio del doctor Nelson Alvis, la mortalidad en Cartagena en el siglo XXI ha disminuido a 6,9 por 1.000 personas y las principales causas son las enfermedades cardio-cerebro vasculares.
El estilo de vida ha hecho surgir una nueva pandemia: el infarto cardiaco y el Evento Cerebro Vascular (ECV). Así, según el Dadis, estas son la causa de casi el 70% de las muertes en Cartagena, pero, además, son responsables de secuelas y de muchos años vividos con discapacidad. El éxito en el manejo agudo de estas enfermedades depende del tiempo en minutos desde su inicio hasta el tratamiento definitivo, abrir la arteria.
Cuando al sabio maestro y amigo Carlos Eduardo García Del Río se le dio por averiguar cuánto demoraba un cartagenero en consultar a urgencias desde que tenía un dolor sugestivo de infarto, él tenía la hipótesis de que llegaban muy tarde. Cuál no sería su sorpresa al encontrar que, en promedio, los pacientes, como podían, llegaban antes de una hora a la urgencia del antiguo Hospital Universitario de Cartagena. No sé cómo será eso hoy día, pero parece que consulta rápidamente. Sociedades científicas y guías mundiales han resumido la evidencia disponible exigiendo un tratamiento rápido y oportuno en las primeras horas de un ECV, así como de un infarto cardiaco. Son los llamados Código Infarto y Código Stroke, o ECV. Por ello la Resolución 4370 del Dadis en Cartagena implementó hace pocos meses la ‘Red Corazón y Cerebro Heroico’. Gestión Salud, en San Fernando, y el Hospital Serena del Mar han sido certificados por la World Stroke Organization por su excelencia y rapidez en la atención del ECV. Está claro que instituciones como Neurodinamia, Clínica Madre Bernarda, Medihelp y La Ermita, entre otras, poseen capacidades para implementar tales códigos; pero, además, se requiere de una comunidad informada, ambulancias suficientes, tecnología, recurso humano especializado, protocolos institucionales desde la urgencia, hemodinamia y cuidado intensivo que debe ser un esfuerzo de ciudad para darle años a la vida y vida a los años.
*Profesor Universidad de Cartagena.
