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Columna

“Niños i esclavos: dos reales”

“En los cartees que promovían la obra, se informaba de la consabida tarifa. Fíjese usted: negros esclavizados pagaban dos reales para ver en teatro la historia de otro negro...”.

Ricardo Chica Geliz

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Durante el siglo XIX en Cartagena, los carteles anunciaban las obras dramáticas presentadas en el Teatro El Coliseo, en la calle del mismo nombre, así: “Se dará inicio a las 8 en punto. Entrada jeneral 4 reales. Niños i esclavos 2 reales. Los señores que manden acientos tendrán la bondad de hacerlo temprano”. Era 1847 y la compañía de teatro Ravel ofrecía los espectáculos: ‘La Fricasé’, ‘La muerte del arlequín’ y los cuadros vivos de ‘Las estatuas de mármol’.

Entre espectáculos, prensa, fiesta y público cartagenero destacan ciertos acontecimientos: cuando un cura apresó y mató al esclavo de una compañía teatral que visitó la ciudad; se regañaba en la prensa a los esclavos que se escapaban a la Plaza de los Jagüeyes a presenciar peleas de gallo; se compraban y vendían esclavas en el corregimiento del Pie de La Popa, lo que se publicitaba en prensa, junto a las obras que se presentaban en El Coliseo; llegaban artistas negros de La Habana como es el caso del refinado músico Claudio José Brindis de Salas; o se presentaban manifestaciones del teatro bufo cubano como la guaracha ‘El negro bueno’.

El público siempre ha sido sujeto de desconfianza por parte de la clase letrada, y más si pertenece a “la canalla”, es decir, los sectores populares. Así lo podemos ver en un regaño social publicado el 11 de junio de 1843 en el Semanario de la Provincia de Cartagena: “¡Qué cosa más vergonzosa y más triste que aquella reunión tumultuosa, pendenciera, gritona, agrupada, sobrecogida en de redor de dos animales que se matan para que la mitad de los espectadores se enguya sin remordimiento el dinero de la otra mitad! Allí se ven confundidos el padre y el hijo de familia, el sirviente doméstico, el esclavo; porque eso tiene el vicio que iguala todas las condiciones”. El cronista no solo se refería a las peleas de gallo, que eran muy frecuentes, también al bullicio tumultuoso que se formaba al pie de la taquilla y a la entrada del Teatro El Coliseo, en las primeras horas de la noche.

Por aquellos años, el director escénico Francisco Martínez ‘El Curro’ y la Sociedad Dramática Granadina presentaron la obra ‘Consecuencia de los celos o sea Otelo o El moro de Venecia’.

En los carteles que promovían la obra, se informaba de la consabida tarifa. Fíjese usted: negros esclavizados pagaban dos reales para ver en teatro la historia de otro negro, quien como Otelo, ostenta un respetado rango de general al servicio de la república de Venecia, cuya historia escrita por William Shakespeare en 1603, aborda de forma magistral las pasiones humanas alrededor de los celos enfermizos, la manipulación emocional, la envidia y el racismo en un contexto renacentista.

En verdad, la tragedia era lo de menos, aquí lo importante era pagar para ver qué pasaba en la vida de un general negro.

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