Leí la columna de Reynaldo Martínez Emiliani del jueves 10 de septiembre, ‘Cartagena no debe volver a equivocarse’. Como hombre octogenario de gran experiencia empresarial, repleto de lucidez, vida y energía, aporta con su pluma en un tema trascendental para la ciudad y para cualquier conglomerado humano del planeta: el agua. Envía loas a la administración actual por su proactividad en obras, pero le jala la patilla por la idea de estatizar el servicio. Esta columna replica el llamado del señor Martínez a las fuerzas vivas, a respaldar el objetivo de no entregar a manos del Estado el servicio.
La privatización del servicio llega en 1994 en un momento en que la cobertura del acueducto estaba en 70%, y del 60% en alcantarillado. En manos del Estado, la deficiencia operativa y el colapso institucional no permitía la prestación de un servicio eficiente, ni la proyección financiera que permitiera mejorar y aumentar la infraestructura del acueducto. Se entrega entonces al sector privado el manejo, apuesta que hoy alcanza una cobertura en acueducto, del 92%, y en alcantarillado, del 84%, según estudio de Cartagena Como Vamos (CCV). Calificado por la Superintendencia de Servicios Públicos con el 94%, el privado brinda tranquilidad suficiente a la ciudad.
Regresar la operación del acueducto al Estado es politizar su manejo. Quienes solo somos ciudadanos usuarios y no políticos o contratistas interesados, estamos conscientes de lo que eso significaría: clientelismo, corrupción, malversación, y un largo etcétera de acciones contra el tesoro publico que, lo único seguro que produciría es encarecimiento y deterioro del servicio.

Academia Colombiana de Jurisprudencia
ENRIQUE DEL RÍO GONZÁLEZMe parece que lo más destacable de la alerta editorial de mi estimado amigo Reynaldo es que la ciudad, no solo en su clase política, sino en cultura ciudadana, no está preparada todavía para que lo publico reasuma retos de semejante importancia. Contrario a la cultura antioqueña con EPM, donde está demostrado que funciona, la clase política local todavía reviste alto riesgo. Otro gran ejemplo de eficiencia operativa y administrativa es el Metro de Medellín.
No se puede olvidar que hasta hace solo un lustro Cartagena cerró un largo ciclo de interinidad institucional, tan difícil de manejar que ni siquiera personas de reconocida capacidad empresarial pudieron equilibrar las presiones de una clase política enquistada, que coopta la administración pública para sus intereses y no para el bien común. Actualmente vemos una aparente estabilidad, pero las presiones continúan y el manejo de la política sigue obedeciendo a las grandes casas electorales que se reparten la burocracia y la contratación.
Es un buen momento para el relevo generacional hacia una práctica transparente de la política y a una cultura ciudadana de verdad preparada.
