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Columna

El caos invisible

“Garantizar la Clozapina no es un favor político, es evitar que el caos destruya lo último que nos queda de dignidad. Un paquete de órdenes para entrega mensual de este medicamento se revuelca en una gaveta...”.

LIDIA CORCIONE CRESCINI

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El que no ha vivido el desespero de cuidar a un paciente psiquiátrico sin su medicación, no tiene la menor idea del abismo al que nos enfrentamos. Desde hace un año, por desabastecimiento, una persona muy cercana a mí que depende de la Clozapina, con dosis estrictas de 100 mg en la mañana y en la noche, padece crisis porque el Estado colombiano, a través de su Nueva EPS, decidió cortar este suministro. Para empeorar el calvario, la Clozapina es un fármaco cuya distribución autoriza exclusivamente el Ministerio de Salud; no se vende de forma libre en ninguna farmacia comercial si no se presenta una orden oficial, estrictamente firmada y sellada. El desabastecimiento nos ha obligado a un viacrucis inhumano, deambular sin rumbo, mendigar respuestas en oficinas inertes o arriesgarnos en el peligroso mercado negro con tal evitar una crisis de locura. Para los burócratas que nos gobernaron, la salud mental se reduce a una fría cifra en un presupuesto. Esa indolencia estatal desencadena tragedias reales en los hogares. Cuando a un paciente se le priva de su medicamento, la estabilidad se rompe y se desata el caos; un caos destructivo que asfixia tanto al enfermo como a quienes asumimos su cuidado en total desamparo. ‘¡Alerta! por desabastecimiento de Clozapina’, publicada en El Universal por el psiquiatra cartagenero Dr. Christian Ayola Gómez, advierte sobre la crisis de salud mental que genera la falta de este medicamento. Mientras tanto, el Gobierno mira hacia el otro lado, tratándolos como ciudadanos invisibles. Es imposible no evocar aquí las palabras de Primo Levi: “La solidaridad representa entonces una forma de resistencia, porque contradice el principio fundamental del Lager: reducir al ser humano a un individuo aislado, privado de dignidad y enfrentado a los demás por la supervivencia”. La reflexión de Levi supera el horror histórico y nos lanza una pregunta universal: ¿Qué responsabilidad tenemos frente al ser humano cuando su dignidad está siendo negada? ¿Hasta dónde llega nuestra humanidad si permitimos que la supervivencia dependa de la indiferencia de quienes mandan? El Estado es una estructura fría, pero quienes lo dirigen son personas que eligen ignorar nuestro padecimiento. Somos miles de cuidadores atrapados en esta horrible realidad, cargando sobre nuestros hombros la negligencia de un sistema fallido.

Hago un llamado urgente al doctor Abelardo De La Espriella para que intervenga de inmediato en esta crisis. Detengan la insensibilidad de sus oficinas y metan mano en este desabastecimiento. Garantizar la Clozapina no es un favor político, es evitar que el caos destruya lo último que nos queda de dignidad. Un paquete de órdenes para entrega mensual de este medicamento se revuelca en una gaveta a la espera de luz verde para su retiro. No hay derecho. Ni las tutelas funcionan.

*Escritora.

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