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Columna

Sin crecimiento no hay paraíso

La tarea más relevante de esta generación es alcanzar un crecimiento económico que eleve el PIB al menos al 6% anual.

EDUARDO VERANO DE LA ROSA

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La tecnología marcará el rumbo de la economía. Para lograr una mayor inclusión financiera y evitar el “gota a gota”, liberando así a 10 millones de personas de la esclavitud de las deudas, se requiere una regulación que promueva la democratización de capitales y la innovación.

La tarea más relevante de esta generación es alcanzar un crecimiento económico que eleve el PIB al menos al 6% anual. Esto exige austeridad y control del gasto público para ampliar la capacidad de acción, además de contar con la infraestructura adecuada y mejores condiciones sociales.

El crecimiento debe construirse con competitividad. El gran esfuerzo debe enfocarse en la reducción y modernización del Estado, con menos trabas y mayor agilidad para brindar oportunidades a quienes sufren, a quienes necesitan mejor atención en salud. Apuntemos a una educación más actualizada.

Un país de regiones como el nuestro debe diseñar su proceso de desarrollo fundamentándose en el conocimiento avanzado. Colombia tiene talento, pero hay que perfeccionarlo.

Crecimos al 4% anual hasta el año 2014; desde entonces, hemos caído al 2.5% y, en el último año, solo alcanzamos el 1.6%. Lo crucial será elevarnos al 6% anual. De esa manera pasaremos de un PIB actual de USD 457.000 millones a USD 1.900.000 millones en 25 años, alcanzando así una economía similar a la de España o Corea del Sur.

Nuestro proceso de crecimiento se desplomó debido a la falta de productividad y a la notable disminución en la modernización tecnológica. Invertimos 30% por debajo de lo que hacen los países que lograron desarrollarse.

Para transformar la economía y alcanzar nuestro máximo potencial productivo, el Estado debe impulsar el desarrollo de nuevas tecnologías con inteligencia artificial y apoyar más a los empresarios.

Tenemos que acelerar la transición hacia la “soberanía energética” con fuentes de energías renovables que garanticen autosuficiencia y estabilidad.

El reto consiste en traducir el ahorro en inversión. En Colombia ha decrecido el volumen de recursos destinados a la inversión dirigida; el ahorro se ha estancado y cada vez invertimos menos en nuevas tecnologías.

Lo fundamental es contar con un portafolio de proyectos estratégicos llevados a Fase 3 y hacerlos bancables, facilitando el destrabe de licencias, consultas y trámites.

La tarea no se limita únicamente a formular proyectos: hay que llevarlos a etapas avanzadas de verdadera ejecución. Debemos ser un país dedicado a la tecnología, con mayor inclusión financiera e innovación, y con un acompañamiento constante a los pequeños negocios para que logren la digitalización de sus pagos y el acceso al crédito.

Necesitamos impulsar nuevos modelos de negocio con aplicaciones productivas, mayor educación y un talento con bilingüismo garantizado, para que los jóvenes puedan acceder al mundo moderno.

Estas son las bases para construir una “política de Estado” orientada a mejorar la competitividad y acceder a mercados más atractivos. Se requiere una reforma que modernice las reglas del mercado, atraiga la inversión y facilite el acceso de capitales.

Hay que construir una estrategia de futuro basada en el crecimiento y sin excusas. El gobierno debe acompañar, no sustituyendo la inversión privada en innovación y modernización, sino brindándole todo el respaldo necesario para que prospere. Al verdadero paraíso solo se llega con un crecimiento dirigido.

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