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Columna

Civismo

“No podemos dejar solo al alcalde, todos debemos poner de nuestra parte. El sector turístico está lleno de informales indisciplinados, sin buena presentación y gritones; eso da mala reputación a nuestra ciudad como turística”.

Orlando Bustillo Pareja

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Dumek Turbay Paz nos trajo un nuevo impulso, entusiasmo y confianza. Trabajador incansable e inteligente, se ha tropezado con muchas dificultades, comenzando con el presidente anterior; hoy por fortuna con el presidente Abelardo comienza a haber una empatía que debe reflejarse en los proyectos del distrito. La ciudad está cambiando. Como docente aprendí la regla número uno y única, preguntarme cosas. Mi pregunta es, como decía don Enrique Lequerica, si la ciudad está cambiando, ¿qué falta por cambiar? Nosotros los ciudadanos y habitantes de esta bella Cartagena tenemos que hacer nuestra parte. O todos ponemos o no vamos a avanzar por muy bueno que sea el próximo alcalde que siga el ritmo del actual y siga construyendo sobre lo cimentado.

Seguimos siendo derrochadores de agua, no cuidamos la energía, no nos protegemos del sol, nos enfermamos porque no logramos tener hábitos adecuados de vida (sé que a una población de personas vulnerables pedirles que acaten medidas como estas, es imposible cuando no tienen para una comida al día), botamos basuras por segundo. La ciudad tiene murallas de basuras y olor a orín en algunas partes, y en otras a desechos biológicos.

El ruido es insoportable, la ciudad tiene una población de nómadas laborales de todos los países del mundo que viven en todos los barrios de la ciudad, lo sé cómo médico y estudiante en línea de otro idioma, me tropiezo cada tanto con profesores foráneos que viven en la ciudad con trabajos virtuales, son tres quejas constantes: la movilidad, la basura y el ruido. Cuarto, la inseguridad.

No podemos dejar solo al alcalde, todos debemos poner de nuestra parte. El sector turístico está lleno de informales indisciplinados, sin buena presentación y gritones; eso da mala reputación a nuestra ciudad como turística. El civismo nace en Roma (civis, civitas) y la democracia en la polis de Atenas; luego en la Revolución Francesa como comportamiento o virtud ciudadana se consolidó fuertemente la necesidad de establecer pautas mínimas de comportamiento y respeto mutuo (urbanidad), para que las personas pudieran convivir pacíficamente en una sociedad civilizada, independientemente de la religión o del rey.

En ‘Los Miserables’, de Víctor Hugo, describe el proceso, no fue del día a la noche, pero ya han pasado dos siglos y no aprendemos. No podemos esperar que las autoridades nos digan cómo comportarnos, las normas de urbanidad existen desde el hogar, colegio y la propia iniciativa; amar la ciudad y pertenecer a ella es un imperativo moral. Una columnista de La República decía: “Somos lo que somos cuando actuamos cuando nadie nos ve”, así debe ser el nuestro comportamiento. Generosos y agradecidos con la ciudad, agregar valor como residente, visitante y como gobernante dando lo mejor de cada uno.

No botar basuras, no más ruido, ahorrar agua y luz, respetar las normas del tránsito y evitar las confrontaciones agresivas. Dice el profesor Javier Mejía (Stanford): “showing up”, la esperanza es el producto con que cada cual se levante todos los días y haga bien su tarea. Ser cívico.

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