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Columna

Cartagena crece al revés

“Es momento de empezar a planificar con anticipación el territorio que habitaremos mañana. Aún estamos a tiempo de demostrar que Cartagena puede crecer con orden y al derecho”.

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Durante el último medio siglo, Cartagena ha crecido de manera mayoritariamente espontánea, reactiva y fragmentada. En la periferia suroriental, por ejemplo, la ciudad se ha expandido mediante asentamientos informales donde la infraestructura pública suele llegar años después, intentando remendar las deficiencias cuando el caos y la saturación de los servicios se vuelven insostenibles.

Bocagrande es otro caso ilustrativo. Concebido en 1925 como un sector residencial de baja densidad, después se fue densificando masivamente sobre la misma red de servicios y equipamientos. Aunque hoy afortunadamente se ejecutan obras de mitigación necesarias, la lógica sigue al revés: se interviene de forma reactiva en lugar de anticipar la infraestructura pública al desarrollo inmobiliario. La regla de oro del urbanismo es clara: la infraestructura siempre debe ir primero.

En la Zona Norte puede pasar lo mismo. Salvo excepciones como el Viaducto, el Túnel de Crespo y proyectos que sí contaron con plan maestro urbanístico ambicioso -como Serena del Mar-, el resto del sector avanza sin una estructura articulada y planificada. Se están desarrollando miles de viviendas, centros comerciales e incluso se proyecta un nuevo aeropuerto, pero todo apoyado sobre la misma infraestructura vial, sin redes de alcantarillado ni equipamientos colectivos proporcionales a la densidad poblacional que se avecina.

Gran parte de esta dinámica es estructural: la planeación urbana local ha estado históricamente atada a la inmediatez de los periodos de gobierno. Las ciudades, sin embargo, no se pueden proyectar cada cuatro años; requieren políticas de Estado que trasciendan a los mandatarios de turno mediante hojas de ruta a 20 o más años.

En buena hora, la actual administración le ha dado un impulso decidido para sacar adelante el nuevo POT, pero no podemos quedarnos ahí. Si no queremos que la Zona Norte y las demás áreas de expansión reproduzcan los mismos problemas de movilidad, servicios y segregación que ya padecemos en otros sectores, es indispensable que Planeación Distrital lidere planes parciales y macroproyectos urbanos para estas zonas. Es en esos instrumentos donde se dimensionan y trazan las vías, se diseña el espacio público, se ubican los equipamientos colectivos, antes de que el territorio se siga expandiendo de manera fragmentada predio a predio.

El verdadero desarrollo radica en garantizar una infraestructura pública que haga más habitable, equitativa y sostenible a una ciudad. Es momento de dejar de reaccionar cuando afloran los problemas urbanos del presente, y empezar a planificar con anticipación el territorio que habitaremos mañana. Aún estamos a tiempo de demostrar que Cartagena puede crecer con orden y al derecho.

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