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Columna

La baja natalidad en Colombia y en el mundo

“Quizás el reto no sea convencer a los jóvenes de tener hijos, sino construir una sociedad en la que formar una familia vuelva a ser posible, deseable y compatible con sus sueños”.

Mayra Rodríguez Osorio

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Hay temas que no deberían convertirse solamente en estadísticas. La baja natalidad en Colombia y en el mundo es una realidad que merece una conversación serena, sin juzgar a los jóvenes, pero también sin dejar de preguntarnos qué sociedad estamos construyendo.

Lo digo desde mi propia experiencia. Soy abuela de siete nietos y puedo decir que la familia ha sido una de las mayores satisfacciones de mi vida. Cada uno de ellos ha llenado mi casa y mi corazón de momentos, aprendizajes, responsabilidades y, sobre todo, de amor. Por eso, cuando hablamos de que cada vez nacen menos niños, no puedo evitar pensar en lo que significa para el futuro de nuestras familias y de nuestra sociedad.

Las cifras son contundentes. Colombia ya tiene cerca de 8,14 millones de personas mayores de 60 años, aproximadamente el 15% de la población, mientras los nacimientos continúan disminuyendo. En 2025 se registraron alrededor de 2,13 millones de nacimientos, con una reducción cercana al 4,5%. Y hay un dato que debería hacernos reflexionar: las proyecciones indican que hacia 2036 habrá más adultos mayores de 60 años que niños entre 0 y 14 años.

Si miramos un poco más adelante, el panorama es todavía más revelador. Para 2050, una de cada cuatro personas en Colombia tendrá más de 60 años; para 2070, será una de cada tres. También aumentará significativamente el número de personas centenarias.

No se trata de decirles a los jóvenes que tener hijos es una obligación. Cada persona tiene derecho a elegir su proyecto de vida; pero sí creo que debemos preguntarnos por qué formar una familia se ha vuelto, para muchos, un proyecto cada vez más difícil o menos atractivo.

Hoy escuchamos con frecuencia que una mascota ocupa el lugar que antes tenía un hijo. Y entiendo perfectamente el cariño por los animales, pero una mascota y un hijo no representan lo mismo ni cumplen la misma función dentro de una sociedad. Los hijos son también una apuesta por el futuro, por la continuidad de nuestras familias y por la construcción de nuevas generaciones.

Quizás el reto no sea convencer a los jóvenes de tener hijos, sino construir una sociedad en la que formar una familia vuelva a ser posible, deseable y compatible con sus sueños. Eso significa mejores oportunidades laborales, vivienda, educación, seguridad, corresponsabilidad y apoyo real a quienes deciden ser padres.

Como abuela de siete nietos, no puedo imaginar mi vida sin ellos. Ellos me recuerdan cada día que una familia no es solamente una estadística: es una red de afectos, de compañía y de esperanza.

Por eso creo que debemos hablar de la natalidad no desde el miedo ni desde el reproche, sino desde el valor de la familia; porque mientras celebramos que vivimos más años, también debemos preguntarnos quiénes estarán a nuestro lado para compartir ese futuro.

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