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Columna

La fortaleza de la abstinencia: el celibato moderno

“¿Qué buscamos verdaderamente las mujeres con este celibato moderno? La respuesta es simple: dignidad, autorrespeto y un espacio autónomo para habitar nuestra propia piel bajo nuestras propias reglas”.

Doris Ortega Galindo

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Las mujeres habitamos hoy, contextos que exigen productividad y conexión constante con distintos ámbitos tanto laborales, educativos como sociales, que nos hacen descuidar nuestras vidas interiores. Transitamos por un panorama desdibujado donde el hedonismo rige cada paso cotidiano. En este torbellino contemporáneo, emerge un fenómeno contundente que desafía las lógicas del descarte afectivo: el celibato voluntario, que muchas mujeres en la actualidad están practicando. No se equivoquen los analistas de cafetín; no estamos ante un arcaico mandato místico ni frente al aislamiento de clausura. Este repliegue hacia lo íntimo, constituye un acto radical de soberanía personal, una respuesta emocional e incluso política, ante un entorno sentimental mercantilizado, desprovisto de compromiso y profundamente precarizado en su esencia más humana.

Somos testigos de la normalización de las relaciones afectivas vacías, con encuentros efímeros desprovistos de andamiaje emocional, donde el sexo se ha convertido en un frío bien de consumo rápido, regulado incluso por el algoritmo insensible de una aplicación móvil. Pareciera que la mal llamada liberación sexual exige hoy una entrega incondicional a la pura genitalidad, despojándonos del derecho al reclamo de la reciprocidad o la permanencia. En ese triste escenario, donde un vínculo se rompe con un ‘clic’ virtual y la vulnerabilidad es sancionada como debilidad, muchas hemos decidido decir: basta. Y es que el mito de la mujer autosuficiente ya nos ha cargado históricamente con el peso desmesurado de ser infalibles en la esfera pública; por ende, no podemos permitir que nuestra intimidad sea otro frente de desgaste existencial.

¿Qué buscamos verdaderamente las mujeres con la adopción de este celibato moderno? Bajo este presupuesto la respuesta es tan simple como subversiva: dignidad, autorrespeto y un espacio autónomo para habitar nuestra propia piel bajo nuestras propias reglas. Frente al ruido de sábanas prestadas y promesas líquidas que alimentan el ego efímero del otro, el celibato se erige firmemente como nuestra trinchera de resistencia. Buscamos salvaguardar nuestra salud mental, recuperar el valor sagrado de la intimidad y recordarle a una sociedad anestesiada por tanta irrealidad, que el cuerpo femenino no es una mercancía de libre acceso dispuesta a rellenar pozos ajenos.

Lo anterior en definitiva se erige como un acto de rebeldía, frente a la indolencia de una cultura de consumo que confunde la libertad con la deshumanización. Con este celibato buscamos reconstruirnos desde el cimiento del amor propio, reclamar el compromiso auténtico y decretar que, si el encuentro con el otro no edifica ni respeta nuestra integridad, la soledad habitada con dignidad siempre será un milagro esculpido en la roca del propio ser.

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