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Columna

Secuestrado en un bloqueo

“Del Gobierno esperamos con ansia que se impidan estos abusos, utilizando de manera rápida la fuerza del Estado y haciendo pagar con cárcel a los promotores de bloqueos de vías...”.

HORACIO DEL CASTILLO RESTREPO

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Sí, secuestrado es la palabra correcta para describir lo que se siente al caer en una “protesta pacífica” y ser utilizado como rehén para obtener ventajas en una negociación, inmovilizado en una carretera en contra de la voluntad, sufriendo en carne propia la humillación de ser reducido por un grupo de protestantes que a lo mejor pueden tener razones válidas para protestar, pero jamás el derecho de mancillar los de personas inocentes que nada tienen que ver con las problemáticas que afectan a una comunidad.

Los bloqueos de carreteras no se iniciaron en el fatídico pasado gobierno, pero se incrementaron exponencialmente durante el período Petro, quien permitió que los promotores de bloqueos comenzaran a ver como normal el retener motoristas sin importarles un bledo su sufrimiento y toda clase de perjuicios, mientras las autoridades jugaban a los congelados, mirando para otro lado cómo los derechos de las víctimas eran pisoteados impunemente frente a sus ojos. Este comportamiento criminal, sin duda, dio rienda suelta gracias a la mentalidad delincuencial de un expresidente impenitente, mismo que propuso quitarle la ‘I’ a lo ilegal para que todo fuera permitido, y dejándonos una herencia de anarquía, irrespeto y desconocimiento de todos los valores.

La protesta pacífica es legal en Colombia, más no violar los derechos a la movilización de los demás. Mantener retenidas a personas en contra de su voluntad se puede considerar un secuestro simple; adicionalmente, el Consejo de Estado condenó recientemente a una organización comunitaria a pagar perjuicios a Ecopetrol, por bloqueos que restringieron el ingreso a trabajadores en la Estación de Chichimene, en Acacías (Meta). Hoy, los bloqueos de carreteras se dan todos los días sin aviso en la Costa, buscando perjudicar a la mayor cantidad de gente posible y convirtiendo las vías en un infierno. Cuando se inicia un viaje, nunca se sabe si el recorrido se puede convertir en una pesadilla.

Es urgente que el actual gobierno de ADLE enfrente este nefasto proceder que tanto sufrimiento causa. ‘El Tigre’ lo está haciendo bien, combatiendo a la criminalidad con determinación. Los que nos tenemos que desplazar por carretera esperamos con ansia que se impidan estos abusos, utilizando de manera rápida la fuerza del Estado y haciendo pagar con cárcel a los promotores de bloqueos de vías, tal como él prometió en campaña, para ver si por fin se erradica esa infame nueva costumbre y podamos los colombianos salir sin angustias a disfrutar de nuestro bello país, sin el peligro de convertirnos en mercancía de un grupo de protestantes agresivos para presionar una negociación con el Estado.

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