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Columna

La Colombia que viene

“Mientras departamentos del centro del país envejecen con rapidez, varias regiones periféricas aún conservan una población relativamente joven”.

Jaime Bonet

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Hay cambios que hacen ruido y otros que transforman un país en silencio. Mientras la atención pública se concentra en los debates del día a día, Colombia atraviesa una transformación que condicionará su crecimiento, sus finanzas públicas y su desarrollo regional durante las próximas décadas: nacen menos niños, vivimos más años y la población envejece rápidamente. Estos cambios fueron los que abordó el último Ensayo sobre Política Económica (ESPE 112) y a continuación resumiré algunos de los principales mensajes.

Las cifras ilustran la magnitud del fenómeno. Entre 2005 y 2018, el país perdió cerca de tres millones de niños y jóvenes entre 0 y 14 años, mientras la población mayor de 60 años aumentó de manera significativa. La fecundidad, que en los años 60 rondaba siete hijos por mujer, hoy se ubica en mínimos históricos. Solo en 2024 se registraron alrededor de 450.000 nacimientos, 12% menos que el año anterior. Las proyecciones indican que Colombia se acerca al máximo de su población y que posteriormente iniciará una fase de disminución.

Este cambio tendrá efectos directos sobre la economía. Durante décadas el país se benefició del crecimiento de su población en edad de trabajar. Ahora ese impulso pierde fuerza. El estudio estima que el crecimiento de largo plazo podría disminuir de 2,6% en 2025 a cerca de 1,5% hacia 2045. En otras palabras, el crecimiento dependerá menos del aumento de la fuerza laboral y mucho más de la productividad, la innovación y la calidad del capital humano.

Las finanzas públicas también sentirán la transición demográfica. Menos niños implicarán una menor demanda educativa, creando una oportunidad para invertir más en calidad. Sin embargo, el envejecimiento aumentará las presiones sobre los sistemas de salud y pensiones. El reto fiscal consiste en anticipar esos mayores costos sin comprometer la sostenibilidad de las cuentas públicas.

Además, el fenómeno no será uniforme. Mientras departamentos del centro del país envejecen con rapidez, varias regiones periféricas aún conservan una población relativamente joven. Esto significa que las políticas públicas deben reconocer las diferencias territoriales. Algunas regiones necesitarán aprovechar su bono demográfico con más educación y empleo; otras deberán prepararse para una creciente demanda de servicios de salud, cuidado y atención a adultos mayores.

La demografía no es un destino inevitable, pero sí una realidad que exige respuestas oportunas. Aumentar la participación laboral, especialmente de las mujeres, mejorar la productividad, fortalecer el capital humano y adaptar gradualmente los sistemas de protección social serán tareas esenciales para convertir este desafío en una oportunidad. Comprender esa agenda es precisamente la invitación que deja el ESPE 112, disponible en el portal del Banco de la República (www.banrep.gov.co).

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