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Columna

Pre-cine y vida universitaria

“El público de teatro se convierte en público de cine, lo que suscitó desconfianzas en aquello que podía aprender el pueblo. Así, en toda obra se trató de poner en práctica la premisa ‘Corrige las costumbres mediante la risa’”.

Ricardo Chica Geliz

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Cuando aparece la Universidad de Cartagena, en 1827, la cultura visual estaba cambiando en el mundo, pues a lo largo del siglo XIX, se aspiraba a darle movimiento a las imágenes fijas, y cuando por fin se logra con la aparición del cine en 1895, nuestra forma de percibir la realidad jamás volvió a ser la misma.

El XIX se conoce como el siglo de la comunicación, y no el siglo XX, que, por la expansión global de la radio y la televisión, acaece la ‘comunicación masiva’. La velocidad vertiginosa con que se sabían las cosas, asombraba a la sociedad decimonónica en un contexto de la incursión de la prensa, la publicidad, el ferrocarril, el cable submarino, la consolidación de las redes y flotas trasatlánticas, el telégrafo, la fotografía, el teléfono, la circulación internacional de valores, la radio y el cine.

Fue un cambio que afectó la cognición social, pues, podría decirse, que parte de la conversación cotidiana interrogaba cómo la actividad científica y los inventos de todo tipo cambiarían la educación, el trabajo y la vida cotidiana. Aquellos inventores que estaban más en los talleres que en sociedades científicas, soñaban con patentar sus inventos para enriquecerse.

El paso de la imagen fija a la imagen en movimiento, supuso una disputa por comercializar aparatos ópticos, que comenzaron a llegar a Cartagena, digamos, desde 1810, cuando fue observado un eclipse de sol, que puso en la práctica local el pensamiento ilustrado. El conjunto de aquellos aparatos, constituyen la parte tecnológica de lo que hoy se conoce como la etapa histórica del pre-cine, lo que propició que empresarios de espectáculos públicos, ofrecieran boletas para todo aquel que quisiera conocer el prodigio de las imágenes en movimiento.

Así llegan a este puerto el cosmorama y el diorama en 1846; el fantascopio o disco mágico en 1849 (uno de los primeros artefactos que da la ilusión óptica de la imagen en movimiento); en agosto de 1897 llega el vitascopio de Thomas Alba Edison y en diciembre de ese año llega el cinematógrafo de los hermanos Lumiere. Hay noticia de docentes y estudiantes de la Universidad de Cartagena que dieron uso didáctico a dichos aparatos ópticos. Hay noticias de compañías dramáticas estudiantiles y de aficionados al teatro, que representaban las obras escritas por profesores universitarios, donde los efectos especiales podían tener apoyo óptico. Lo anterior con miras a culturizar a las gentes.

El público de teatro se convierte en público de cine, lo que suscitó desconfianzas en aquello que podía aprender el pueblo. Así, en toda obra se trató de poner en práctica la premisa ‘castigat ridendo mores’: ‘Corrige las costumbres mediante la risa’. Y, en verdad, nadie aprende triste o ansioso. Para reconciliarnos con el saber necesitamos risa, alegría y entusiasmo.

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