Los intentos de suicidio entre la población universitaria demandan una política nacional de salud mental que brinde especial atención a través de una gestión adecuada de las emociones, la promoción de actos culturales, y un trabajo preventivo intenso.
Distintas fuentes señalan que entre los factores de riesgo de esta problemática se encuentran las crisis económicas, los conflictos de pareja, los desequilibrios emocionales, la pérdida del empleo, y ciertos aspectos religiosos, entre otras causas; muchas de ellas, ajenas a la vida académica.
Si la tarea es mitigar la tendencia suicida, debemos evaluar cada factor de riesgo y atender las señales que revelan quienes atraviesan por esta situación. Ellos suelen emitir alertas que a menudo no son atendidas por un entorno que no comprende la dimensión de su sufrimiento. Por ello, se requiere el compromiso de la familia y procedimientos clínicos de acompañamiento en todos los casos.
Llama la atención, en muchas ocasiones, la severidad o planificación para quitarse la vida. Por eso se habla del efecto Werther (aumento de suicidios por imitación). De allí que sea relevante que los docentes cuenten con las herramientas idóneas para propiciar espacios de diálogo tranquilos con toda la comunidad académica.
Aunque existe el debate sobre no publicar para no incitar, lo fundamental es asumir las actividades preventivas con responsabilidad: una mano amiga, un consejo a tiempo, o una conversación oportuna pueden frenar una decisión fatal al validar que el sentir de esa persona sí le importa a la sociedad.
Asimismo, las universidades deben contar con primeros auxilios psicológicos y con la empatía necesaria para decirle a alguien, “Lo siento mucho, te quiero ayudar.” Muchos preparan a los equipos de vigilantes, aseadoras para actuar dentro de procesos de salud mental, cultura ciudadana y prevenir el consumo de drogas y estupefacientes.
Los organismos del Estado con las EPS deben construir capacidad de respuesta dentro de las universidades que muchas veces ni siquiera tienen psicólogos que estén estudiando las eventualidades que puedan ocurrir.
Incluso las personas que atienden los casos de suicidios requieren un gran apoyo porque se les trastorna la vida. Necesitan también de disfrute, de goce, de entretenimiento dentro de la universidad.
Debe haber expertos en comportamientos autolesivos, en manejo de ansiedad, porque no es fácil conseguirlos, conocer experiencias exitosas de otras universidades y una mayor integración con los Ministerios de Salud y Educación.
Así, veremos universidades como piezas claves en este proceso de sanidad mental y comportamental, veríamos a padres responsables muy ocupados atendiendo las alertas que las instituciones detecten y cumpliendo los protocolos teóricos y la responsabilidad del sistema de salud inculcar en la gente la necesidad de la práctica deportiva, la cultura, la recreación con el propósito final de fortalecer la salud mental colectiva ante situación desafiantes que todos tenemos en la vida.
Muchos chicos sufren con la maleta de la vida y la encuentran pesada. Por eso las acciones de prevención y atención de la familia son lo más importante, por tanto, debemos inculcar con emotividad y sensibilidad para que en la cabeza de todos siempre esté claro el concepto de que la vida es un tesoro y que los problemas los podemos manejar.

