La historia comenzó con el decreto firmado por Simón Bolívar el 6 de octubre de 1827, pero se requirió de tiempo y esfuerzo para abrir las aulas. El Claustro de San Agustín es de esos edificios que trascienden. Sus pasillos albergan nostalgias y conservan ese algo que ningún cemento ni ladrillo tendrán jamás: afugias familiares, temores estudiantiles, vidas transformadas. Y es que en Universidad de Cartagena yacen juventudes sentadas en las aulas, residen los primeros temores de un examen, perviven deslices de juventud y, además, están esas puertas por donde cruzaron por última vez timideces e inocencias.
Las necesidades de la región entraron a sus aulas y de ellas emergió una clase profesional que se reencontró con esas necesidades cuando ya estaban provistos de las herramientas adecuadas para atenderlas. Ese debe ser el vínculo indisoluble con la sociedad. Unicartagena vive en ese diploma colgado en el alma y en el cual están tantos que nos dieron todo y en el que no caben todas las cosas que le debemos a esta institución. Por eso este año de celebraciones debe incluir tantos anónimos: el profesor que con disciplina prepara su clase, la bibliotecóloga que abrió las puertas de la ciencia y muchos más.
En este año de celebraciones la memoria afectiva de la ciudad, la región y el país debe compartir miles de pequeños actos que cambiaron millones de vidas en 200 años. Para muchas familias la educación pública abrió senderos inexistentes, borró desigualdades, formó talentos, derrumbó barreras, dignificó vidas. La conmemoración debe servir, también, para recordar que el saber debe escuchar necesidades, conversar con problemas, investigar los males y entender realidades para continuar construyendo la Universidad en la región y el mundo.
Ayer fue el primer día de un año trascendental. Comenzó un año entero de justas y merecidas celebraciones. Para egresados, empleados, estudiantes, profesores, ciudad y región el calendario adquiere una intimidad inusitada: celebramos una eterna deuda de gratitud para el alma mater. Este año que comenzó incluirá música, exposiciones, conversatorios, reuniones de egresados. Y deberá haber tiempo para preguntarnos sobre las necesidades de quienes hoy y mañana estudian. Ojalá cada homenaje y cada encuentro se convierta en oportunidad de renovar el sentido de pertenencia de todos, estudiantes, docentes, comunidad.
En octubre de 2027 la celebración incluirá a los ausentes y a los recién llegados para seguir celebrando que todos, los de ayer y los de mañana sigamos encontrando una Unicartagena comprometida con el porvenir de todos y a una sociedad que entienda que el conocimiento merece un lugar propio al que llamar universidad.
*Profesor Universidad de Cartagena.

