Todos los miércoles a las 7 p.m., el MAESTRO -con mayúsculas-, Jaime Antonio Barrios Amaya (Cartagena, noviembre 4 de 1935) llega puntualmente a los eventos organizados por la errante Academia de Medicina presidida por la doctora Manuela Berrocal. El doctor Barrios, médico de la Universidad de Cartagena -1956, gineco-obstetra-, Universidad de Pennsylvania (1960), regresó a la ciudad de sus amores ejerciendo su profesión y docencia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, dejando huellas imborrables, enseñando con el ejemplo, tratando cada paciente con respeto.
Hoy, cuando el ejercicio médico corre riesgo de quedar atrapado entre jeringonzas tecnológicas, cifras estadísticas, intereses partidistas y económicos impuestos por la Ley 100 de 1993 y bultos de decretos reglamentarios, normas administrativas ponderando negocios sobre necesidades del paciente que, frecuentemente, encuentra espinosas barreras de acceso y, al médico, ojos y manos en el computador, no en el rostro ansioso del ser humano, ahora llamado ‘Cliente’. Por fortuna aún existen profesionales como el doctor Jaime Barrios Anaya, contrario a la ‘Medicina del ipso facto’, empeñada en cumplir protocolos administrativos socavando preceptos éticos inviolables, olvidando que, manos y palabras del médico tienen poderes sanadores por lo que es preciso retornar a examinar al paciente sin prisa, respeto y paciencia, formulando lo justo como si fuera su familiar. Perenne gratitud al gineco-obstetra, humilde, generoso, conciliador y sabio, talla de basquetbolista NBA y alma de Nazareno que enseñaba y atendía sin mirar el reloj con el respeto exigidos a los hijos legítimos de Galeno.
Sin duda alguna, la presencia del doctor Jaime Barrios enriquece espiritualmente a quienes tuvimos el privilegio de ser sus discípulos junto al enjambre de madres que, aferradas a sus manos virtuosas, trajeron hijos a este mundo cruel y olvidadizo, como asegura el hijo mayor de Aracataca: “Recordar es fácil para quienes tienen memoria; olvidar, imposible para quien tiene corazón”. Quizás por eso mi hermano Guillermo, discípulo, colega y amigo del dr. Barrios, recuerda que él, junto al dr. Antonio Soto, implementaron la ciencia obstétrica en Cartagena y la Costa Caribe propiciando manejos exitosos de embarazos de alto riesgo y perinatología, tanto en lo científico, asistencial como curricular de la Facultad de Medicina, Universidad de Cartagena, donde goza de respeto a su don de gente, al punto que, las rondas docente-asistencial y consulta externa, las convertía en visita fresca, agradable, respetuosa, orientadora en cuanto a signos de alerta, colocando metas precisas para el control perinatal.

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TATIANA VELÁSQUEZDueño de agudo de olfato clínico, identificaba situaciones complejas impartiendo órdenes certeras sin átomos impositivos, acudiendo a su bien ganada fama de gran conversador, servicial, honesto, ‘mamador de gallo’ en momentos de tensión, con anécdotas oportunas, bajando la intensidad a las angustias mientras florecían sonrisas y esperanzas. Considera a su familia el más grande tesoro: Susana Laborda, esposa amantísima; hijos: Jaime José, Carolina, Jaime Alejandro y seis nietos encargados de preservar la estirpe sagrada.
Sus alumnos no lo olvidamos: enseñaba con el ejemplo, sin afanes, jamás guardaba bajo llave su experiencia y sabiduría compartiéndolas, a manos llenas, con sus discípulos, ponderando honestidad, humildad, decoro y gratitud, esencias de galenos imprescindibles, colocando impronta de eficacia y respeto a estudiantes de la Facultad de Medicina, Universidad de Cartagena dispersos por los cinco continentes, convencido de que, en sociedades desequilibradas como la nuestra, viene bien la reflexión inequívoca de Nelson Mandela (Premio Novel de Paz 1993): “Educación de calidad: el arma más poderosa para cambiar el mundo”. Maestros sabios, generosos y humildes como Jaime Barrios Amaya, son eternos.
