Columna

Lindsy Clancy V

“En la ‘psicosis posparto’, concebida como trastorno bipolar, el tratamiento no debe estar basado en antidepresivos; sino en estabilizadores del ánimo”.

Christian Ayola

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El DSM 5 Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales no reconoce la psicosis posparto como diagnóstico independiente. La clasifica como un episodio psicótico, afectivo bipolar; considera el embarazo y el posparto factores desencadenantes de trastornos psicóticos o afectivos, por tanto, los cuadros que antes se llamaban ‘psicosis posparto’ se diagnostican como: Trastorno bipolar de inicio en el posparto.

El trastorno bipolar es una alteración biológica del estado de ánimo caracterizada por fluctuaciones extremas de variación emocional. Se trata de un desajuste en los mecanismos que regulan la activación y desactivación neuronal. Así como la glucosa oscila dentro de límites saludables, el ánimo también debería mantenerse en un equilibrio dinámico; cuando las oscilaciones superan determinado rango de manera sostenida, aparece la bipolaridad.

La depresión bipolar incluye síntomas como tristeza profunda, insomnio, pérdida de energía, disminución del apetito, pensamientos negativos e incluso ideas suicidas. La manía, por el contrario, se manifiesta con euforia, aumento de energía, disminución de la necesidad de dormir, aceleración del pensamiento, grandiosidad, irritabilidad y conductas impulsivas que pueden llevar a quiebras o conflictos. En casos graves pueden aparecer síntomas psicóticos: delirios de grandeza en la manía; y de ruina o enfermedad en la depresión. También existen episodios mixtos donde convergen síntomas de ambos polos.

Se describen dos tipos principales: bipolar tipo I, con episodios alternados de depresión y de manía; en el bipolar tipo II, predominan los episodios depresivos y alguna vez se presentará uno de hipomanía. La neurona funciona eléctricamente gracias a su membrana, que regula la entrada y salida por sus poros de electrolitos como sodio, cloro, potasio y calcio; flujo que determina la excitabilidad de la célula. El portero del poro es el GABA, Acido Gamma Amino Butirico, que regula la entrada de estos iones; cuando falla, genera hiperactividad o hipoactividad neuronal que se traduce en oscilaciones emocionales extremas.

La teoría clásica de los neurotransmisores: serotonina, dopamina y noradrenalina, utilizada para explicar la depresión monopolar, resulta insuficiente para explicar la bipolaridad. Los medicamentos estabilizadores del ánimo refuerzan el GABA, regulando el tránsito de electrolitos y consecuentemente la excitabilidad neuronal, lo que explica su eficacia para prevenir tanto la manía como la depresión.

En la ‘psicosis posparto’, concebida como trastorno bipolar, el tratamiento no debe estar basado en antidepresivos; sino en estabilizadores del ánimo. Una crítica a la polifarmacia prescrita a Lindsy por los psiquiatras tratantes, es el uso excesivo de antidepresivos que obviamente fueron insuficientes o estuvieron contraindicados para el manejo de su trastorno. En casos en los que no hubo respuesta a los estabilizadores del ánimo o incluso a los antipsicóticos, y existe riesgo para la vida de alguien, se debe recurrir a la terapia electroconvulsiva bajo anestesia general y relajante muscular.

*Psiquiatra.

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