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Columna

Cartagena también sabe navegar las mareas difíciles

Las cifras merecen ser examinadas sin triunfalismos, pero también sin alarmismos.

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Cartagena sabe de mareas. Las conoce porque vive frente al mar, porque ha aprendido a leer sus cambios y porque su historia le ha enseñado que ninguna corriente permanece para siempre en la misma dirección. El turismo también tiene sus oleadas. Hay temporadas de crecimiento, momentos de incertidumbre y mercados que, por distintas razones, dejan de viajar como lo hacían antes. La diferencia está en cómo se responde cuando el viento cambia.

Hoy, mientras algunos hablan de una supuesta crisis del turismo en Cartagena, los datos cuentan una historia que merece una lectura más cuidadosa. La ciudad enfrenta dificultades, particularmente con el mercado estadounidense, pero ha conseguido sostener su actividad, atraer visitantes de otras procedencias y registrar una caída de turistas extranjeros inferior a la del conjunto de Colombia. En un escenario económico adverso, esa capacidad de respuesta merece ser reconocida.

Conviene empezar por el contexto. El turismo internacional atraviesa un año complejo. Durante el primer semestre de 2026, las llegadas internacionales crecieron apenas un 0,4 % a escala mundial, mientras en toda Sudamérica registró una caída del 2 %. La inflación, los costos del transporte y del alojamiento, la volatilidad de los precios del petróleo y las tensiones geopolíticas han condicionado las decisiones de los viajeros. Cartagena no está aislada de esas circunstancias. Ningún destino lo está.

Sin embargo, una cosa es reconocer las dificultades y otra muy distinta es concluir que una ciudad ha perdido su atractivo. Para entender lo que ocurre, hay que mirar más allá de una cifra o titular aislado y preguntarse quiénes están dejando de viajar y qué factores explican ese comportamiento.

Los datos de Aerocivil y Migración Colombia ofrecen una primera respuesta: la reducción de turistas extranjeros está concentrada en el mercado estadounidense. Entre enero y septiembre de 2026, Cartagena recibió un 5 % menos de turistas extranjeros que durante el mismo periodo de 2025. Cartagena logró un resultado mejor que el de Bogotá, Santa Marta, Cali y el promedio nacional (-5,4 %).

Dentro de esa variación hay un dato revelador: Estados Unidos explica cerca del 94 % de la caída neta de turistas extranjeros en Cartagena, con 28.914 visitantes menos frente al mismo periodo del año anterior. El fenómeno, por tanto, tiene un foco claro. Y entenderlo es indispensable para evitar diagnósticos apresurados.

Aquí aparece un factor económico que suele pasar inadvertido: la tasa de cambio. En agosto de 2025, el dólar registraba un promedio cercano a los 4.050 pesos. Un año después, ese promedio se situaba alrededor de los 3.127 pesos. Para un viajero estadounidense, esto significa que la misma cantidad de dólares compra menos pesos colombianos y, por tanto, alcanza para pagar menos noches de hotel, comidas, transporte y experiencias.

Antes de afirmar que Cartagena se ha vuelto más cara, debemos preguntarnos desde qué moneda se está haciendo esa evaluación. La apreciación del peso frente al dólar reduce la capacidad adquisitiva del visitante estadounidense y puede influir en su decisión de viajar. Cartagena no está más cara, el turista estadounidense tiene menor capacidad adquisitiva. Es una variable que debe estar presente en cualquier análisis serio sobre el comportamiento de este mercado.

A esto se suman otras circunstancias. Según el gremio hotelero, los grandes acontecimientos deportivos y los procesos electorales pueden influir en los planes de viaje. En 2026 coinciden el Mundial de fútbol y las elecciones presidenciales, coyunturas que forman parte del contexto que enfrentan los destinos turísticos.

La pregunta importante es qué ha hecho Cartagena frente a este escenario. La respuesta empieza por la diversificación. Mientras disminuyó la llegada de estadounidenses, otros mercados mostraron un comportamiento favorable. Entre enero y septiembre, Brasil, Canadá, México, Argentina y España aportaron conjuntamente 21.670 turistas adicionales frente al mismo periodo de 2025. El crecimiento es palpable gracias a más de 40 eventos principales de ciudad organizados en categorías cultural, religiosa, deportiva y gastronómica que, además, dinamizan la economía local.

Es una señal de que Cartagena conserva su capacidad para atraer visitantes y abrirse camino en distintos mercados. Cuando uno pierde dinamismo, contar con otros que crecen permite amortiguar parte del impacto. Esta diversificación debe seguir siendo una prioridad, junto con el fortalecimiento de la conectividad aérea y la promoción de la ciudad en destinos con potencial de crecimiento.

El turismo nacional también ha sido un soporte importante. Entre enero y julio de 2026, los pasajeros nacionales que llegaron al aeropuerto Rafael Núñez aumentaron un 4 % frente al mismo periodo del año anterior. Además, la participación de residentes colombianos entre los huéspedes de los hoteles de Cartagena pasó del 51,2 % al 53,8 %. El viajero colombiano sigue desempeñando un papel fundamental para la actividad turística de la ciudad.

Estos resultados tienen detrás una oferta que conserva su atractivo: patrimonio, historia, gastronomía, cultura y experiencias ligadas al Caribe. Pero también hay una respuesta institucional. Desde el 1 de enero está en marcha el plan de promoción turística de Cartagena, que contempla 41 acciones dirigidas al mercado nacional y a más de 15 mercados internacionales. El objetivo es fortalecer nuestra presencia en los mercados tradicionales y conquistar otros espacios para el destino.

A esa estrategia se suma el trabajo para posicionar segmentos como el cultural, gastronómico, patrimonial, deportivo y de reuniones y convenciones, además de las oportunidades que abre la conectividad aérea. Cartagena tiene motivos para ser visitada durante todo el año. Nuestra tarea consiste en convertir esos atributos en oportunidades para los hoteles, los restaurantes, los operadores turísticos, los comerciantes y las miles de familias que dependen de esta actividad.

Por supuesto, estos resultados no deben llevarnos a la complacencia. La disminución de visitantes estadounidenses sigue siendo un reto para la ciudad. La respuesta exige decisiones oportunas y capacidad para ajustar las estrategias. La resiliencia no consiste en negar los problemas, sino en evitar que estos definan por completo nuestro horizonte.

Por eso, cuando hablemos del turismo en Cartagena, hagámoslo con los datos completos y con una mirada capaz de distinguir las causas de sus efectos. Hay mercados que se contraen, condiciones económicas que cambian y coyunturas que alteran las decisiones de viaje. También hay nuevos visitantes, un mercado nacional que responde y, por supuesto, una ciudad que trabaja para sostener su competitividad.

Cartagena ha atravesado otras mareas difíciles. Su historia no garantiza que siempre tendrá buenos resultados, pero sí nos recuerda el valor de adaptarnos sin renunciar a lo que somos. El desafío es seguir ampliando nuestros mercados, fortalecer la promoción del destino y conseguir que el turismo genere bienestar en más sectores de la ciudad.

Las cifras merecen ser examinadas sin triunfalismos, pero también sin alarmismos.

Secretario de Planeación Distrital de Cartagena

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