Carta a la niñez cartagenera

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Queridas niñas y queridos niños de Cartagena, les escribo estas breves palabras con la esperanza de que puedan leerlas y conversar sobre ellas en sus colegios y en sus hogares.

Todas y todos sabemos que los adultos tienen en sus manos el poder de crear una mejor ciudad. Mediante el voto, las ciudadanas y los ciudadanos pueden tomar la decisión colectiva de construir una ciudad verdaderamente fantástica.

Tristemente, los adultos no usan bien el poder que tienen, porque cometen tres errores.

El primer error es que muchos de ellos simplemente no votan; dejan que otras personas sean las que decidan sobre nuestro futuro.

El segundo error es que muchos de los que sí votan, votan mal. Votan por quien les ofrece dinero o cualquier otro beneficio personal. Es así como sacrifican nuestro porvenir a cambio de un beneficio egoísta y seguramente pasajero.

El tercer error es que muchos de esos adultos no votan usando su conciencia, votan sin memoria, sin sabiduría. Desde la comodidad del olvido cómplice, votan por las mismas y los mismos políticos y líderes corruptos y mediocres que son los principales culpables de la situación actual en la que está sumida la ciudad.

Porque la situación en la que está sumida actualmente Cartagena es bastante grave. Desde hace diez años la ciudad está estancada.

Las personas que miden el progreso de nuestra sociedad, respondiendo todos los años a la pregunta “Cartagena, ¿cómo vamos?”, nos muestran que nuestros gobernantes y dirigentes no han sabido enfrentar la pobreza, la desigualdad de oportunidades en la educación, la violencia y la inseguridad.

Hoy por hoy, ni siquiera sabemos cuál es la calidad de nuestro medioambiente. Y lo peor es que esta mala situación puede empeorar.

Por eso, al votar mal, cometiendo cualquiera de esos tres errores, los adultos están poniendo en riesgo nuestro futuro.

Pero aunque ustedes aún no tienen el poder del voto, por ser menores, sí tienen la mayor autoridad moral para ejercer el gran poder de sus voces.

Niñas y niños de Cartagena, hay que exigirles a los adultos –a sus padres, familiares, amistades, vecinos, docentes, cuidadores– que voten, que voten bien, que no vendan o cambien el voto por un beneficio personal, y que voten a conciencia, con memoria y sabiduría; ya sabemos cuáles son sus errores.

Cuando el futuro se construye sobre la base de tales errores -sea por necesidad, codicia o desidia- la niñez y la juventud tienen, no solo el derecho, sino además el deber de educar a los adultos.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales en la Universidad Tecnológica de Bolívar.

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