Carta a taxista muerto por COVID

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Estimado Arnold Ricardo, siento mucho tu pronta partida. Te convertiste en la primera víctima en Cartagena y todo el país, de un virus que venía amenazando hace rato con llegar, pero con el que nos demoramos en tomar las medidas contundentes para frenarlo antes de que se metiera a tus pulmones.

Duele saber ahora todo lo que sufriste, todo lo que luchaste hasta ese lunes 16 de marzo que no pudiste aguantar más. Duele saber que tres días después de tu muerte, no pudiste abrazar, como tanto lo anhelabas, a tus hijos que te esperaban en Bogotá para celebrar tu cumpleaños 59.

Fuiste un gran ser humano, todos me hablan bien de ti, y no se equivocan. Aunque naciste en Montería, te hiciste cartagenero desde que tenías dos años. Si la gente conociera tu historia, supiera que eres el fiel ejemplo de que en la vida nada es fácil. No fue fácil la muerte de tu esposa con la que tuviste dos hijos, no fue fácil hacer las veces de papá por ser el mayor de tus seis hermanos, no fue fácil conseguir empleo luego de tus estudios hasta sexto semestre de economía en la Universidad de Cartagena, y tu licenciatura en ciencias sociales. No fue nada fácil trabajar diariamente detrás de un volante, desde tus 40 años, para conseguir el pan a los tuyos.

Apreciado Arnold, de pronto no me recuerdas, yo paradójicamente me di cuenta que fui tu pasajero cuando vi tu foto en el periódico. Te recuerdo ahora en un día lluvioso, cuando yo estaba pico y placa. Recuerdo muy bien que ese día, sin perder de vista el camino y con el parabrisas de un lado a otro, me hablaste de tu Junior del alma, y que yo te respondía que tu equipo se asustaba cuando jugaba contra el Real Cartagena, recuerdo esa carcajada que soltaste.

Arnold, nadie te debe olvidar. Debes estar orgulloso de toda tu familia, en especial de tu hermana Liliana, quien nunca te dejó solo, ni en la salud, ni en la enfermedad. Ella, la que gritaba y corría en la clínica de un lado a otro, quien desesperada buscaba ayuda de algún médico para que no te asfixiaras.

Es triste saber, por el relato de tu hermana, que no recibiste la atención adecuada desde que empezaste a tener dificultades para respirar. Lamentable también, que después de que nos dejaste, salgan a decir las autoridades de la salud en el país, que no moriste por COVID-19. Perdónanos por eso. Perdónanos porque desde aquel 7 de marzo, tres días después de transportar a unos turistas, te empezaste a quejar por tu salud, pero los centros asistenciales que te atendieron no estaban preparados como se debería estar ante una pandemia que ha dejado cerca de 30 mil muertos.

Desde donde estás, quiero que leas esta carta para que te tranquilices, porque tu hermana se está recuperando del virus. Todo va a salir bien. Desde donde estás, manda las mejores energías para que este virus frene pronto y no tengamos que lamentar más vidas, como la tuya. Descansa en paz.

Atentamente, un pasajero más.

Periodista. Magíster en Comunicación. Twitter: @javieramoz

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