comscore
Columna

Corrupción y pobreza

Compartir

Transparencia Internacional señala que nuestro país tiene un puntaje de 37 sobre 100 en el índice de percepción de corrupción, muy lejos de países como Canadá, que tiene un puntaje de 83; Estados Unidos, de 76; y Chile, de 70. Cuando decimos que Colombia es uno de los países más corruptos estamos en lo cierto, por lo que hay que entender las causas y efectos que tiene en nuestro desarrollo.

Existe una estrecha relación entre corrupción y pobreza, los países más pobres son los más corruptos, entre los primeros en corrupción están Somalia, Haití, Afganistán y El Congo, y no por casualidad son los más pobres. La corrupción debilita los sistemas de una sociedad: político, judicial, económico y social. No solo va en detrimento de los más pobres, también aleja la inversión extranjera, eleva costos de vida, pone en peligro la vida de miles de personas, ocasiona daños ambientales y violaciones de derechos humanos. El problema nos afecta a todos, sin embargo, tiene un mayor impacto en los más pobres porque estos no tienen medios para defenderse ante un sistema judicial que, desafortunadamente, en nuestro país, está lejos de ser eficiente y transparente, y atraviesa una de sus mayores crisis en percepción ciudadana.Al hablar de corrupción, nos referimos a una descomposición y ruptura de la sociedad. Es de los actos más perjudiciales para la democracia de una nación y para el desarrollo y bienestar de la sociedad. A pesar de que muchos no la toleramos y nos escandalizamos, terminamos muchas veces callando por la inoperancia y desconfianza que nos generan los entes de control y el sistema judicial colombiano, en los que normalmente una denuncia termina no tendiendo ningún efecto. Tan solo el 5% de las denuncias son procesadas y enjuiciadas, lo que facilita que los recursos que algunos se meten al bolsillo, que se estiman son 20 billones de pesos al año, nunca sean recuperados, dejando de construir viviendas, hospitales, escuelas dignas, vías, y tantas otras necesidades básicas que para una gran parte de la población hoy están insatisfechas.

¿Por qué, si sabemos que es tan dañino e inconveniente, este flagelo cada vez se vuelve más crítico y desesperanzador? La causa es cultural, como en muchos otros países latinoamericanos, donde la falta de una solidaridad amplia fundada en el bienestar común nos hace que se anteponga el bienestar individual, sin importar que a nuestro alrededor haya pobreza y desigualdad, que a su vez afecta el futuro de nuestros hijos y familias.

Además de las acciones públicas y privadas que se deben emprender para combatir la corrupción, en nuestro país debemos desarrollar una cultura más humana y solidaria, entendiendo que el bienestar de uno es el bienestar de todos, y el fracaso de uno es el fracaso de todos.

*Gerente general alianza ANDI – Fundación Mamonal*Rotaremos este espacio para mayor variedad de opiniones.veljaiek@andi.com.co

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News