Escenario pandémico para los nuevos POT

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Los Planes de Ordenamiento Territorial - POT, son en términos coloquiales, aquellos instrumentos que la ley establece para que el territorio físico de los municipios y distritos, se desarrolle de manera ordenada, con políticas, programas y normas que estarán vigentes en principio, durante doce años.

Más allá de las normas que allí se establecen, estos planes deben ser nutridos de las realidades y contextos de cada territorio, y deben ir en armonía con sus elementos socioeconómicos, medio ambientales, históricos y culturales, para que no se conviertan en un simple saludo a la bandera, que esclavicen a las ciudades a una normativa utópica e imposible de aplicar. Sin duda, la mejor forma de nutrir a los POT, es con la activa participación ciudadana y gremial durante su proceso de expedición.

Bajo el nuevo escenario pandémico, se debe contar con mecanismos tecnológicos, que garanticen la mayor participación posible de todos los sujetos

Hoy, nos embiste una nueva realidad a la que no podemos darle la espalda –Covid19-, sin embargo, el planeamiento urbanístico siempre ha respondido según la historia, a los temas de salud pública, como lo hizo en su entonces a principios del siglo XX en la Europa occidental, con los procesos de industrialización. Y esta, no puede ser la excepción.

• En Colombia al año 2016, según el Departamento Nacional de Planeación, 886 POT no estaban vigentes, es decir, que un 81% de las entidades territoriales no contaba con estos instrumentos actualizados. Dentro de esos números, están 56 ciudades de mas de cien mil (100.000) habitantes que no contaban con POT vigentes[1]. Estas cifras al día de hoy no han cambiado significativamente.

Además de la urbe, el suelo rural también se ve afectado, pues la desactualización en las estrategias para el uso de este suelo, no permiten exponenciar las actividades que allí se ejecutan, frenando el desarrollo del agro que es uno de los principales motores de la economía colombiana. Lo anterior, sin nombrar otras consecuencias ambientales, económicas, sociales, políticas y tributarias.

En este contexto, el ordenamiento territorial, por lo menos a mediano plazo, se verá afectado. La manera de vivir y convivir de cada individuo con su entorno no será la misma, las cadenas productivas deberán ajustarse a las nuevas realidades y los POT, deben plasmar estas nuevas formas de convivencia, entre las personas con el territorio y la economía.

Para ser más específico, nombraré cuatro (4) elementos que deberán tenerse en cuenta, para adaptar los nuevos POT a los retos pandémicos que el mundo presenta:

1. Vivienda: La vivienda tendrá un nivel de protagonismo aun mayor. Las personas están evidenciando por las medidas de distanciamiento social, que el espacio destinado para el hogar es suficiente, y no solo para ejercer las actividades residenciales, sino para muchas actividades laborales y otras imprescindibles del ser humano. En ese sentido, se le dará un valor especial a la vivienda, por lo que el diseño de estas prescindirá de los lujos, para tornarse a la funcionalidad y a la preferencia de mayores áreas útiles. Por ello, los proyectos inmobiliarios destinados a la vivienda, deben presentarse como un eje integral, esto es, que les permitan a sus propietarios ejecutar el mayor número de actividades sin tener que salir de sus hogares o del conjunto residencial.

Lo anterior puede ser posible siempre y cuando, el suelo que se vaya a incorporar a lo urbano, permita en mayor medida, las áreas de actividad mixta y/o usos mixtos. Así como también, en los barrios existentes en donde la actividad predominante es la vivienda, la norma urbanística deberá promover la mixtura de usos, con el fin de lograr nuevos proyectos inmobiliarios autosuficientes. Esto es, por ejemplo, edificios o conjuntos que permitan en los primeros pisos el comercio, instituciones y equipamientos, y luego, superficies para la vivienda.

2. Espacio Público y movilidad: Teniendo en cuenta que hacen parte del espacio público, las áreas requeridas para la circulación peatonal, en bicicleta y vehicular, las áreas para la recreación pública, activa o pasiva; parques, plazas, zonas verdes entre otros, se hace necesario repensar la utilización de estos espacios y la creación de los nuevos.

Es un reto para los nuevos POT, que el espacio público quede reglamentado con especificaciones técnicas que garanticen futuras medidas de aislamiento. También, aunado al reto de seguir mejorando los índices de espacio público total, está el de reglamentar estratégicamente la ubicación de los nuevos espacios públicos, que deberán propender a que los habitantes no deban desplazarse en grandes distancias para satisfacer necesidades de esparcimiento, ocio entre otras.

• Respecto a la movilidad, esta pandemia le dará más fuerza a los medios de transporte alternativos como las bicicletas y, de acuerdo con lo aquí planteado, los automóviles podrían perder su protagonismo, debido a que los espacios por recorrer cotidianamente serían menores.

Es pues, un reto ineludible, que los nuevos POT promuevan la infraestructura para las nuevas formas de movilidad, se forjen normas que ayuden a incrementar el espacio público y privado, como por ejemplo, evitando grandes espacios destinados a parqueaderos que ya no serán tan necesarios, generando así espacios más eficientes.

Se hace necesario también, permitir nuevas tecnologías y promover la generación de Asociaciones Público Privadas, para prestar el servicio público de movilidad, mediante el alquiler de bicicletas u otros medios alternativos de transporte.

3. Tecnología y financiación: La digitalización ya venía en la agenda urbana y el confinamiento ha acelerado su proceso. Tal es su impacto que, el trabajo, la educación, la movilidad, la salud y muchos otros servicios, se prestarán bajo su imperio.

• Es por ello que, desde los POT, se pueden plasmar nuevos espacios como “zonas francas tecnológicas”, que promuevan la infraestructura para el desarrollo de la tecnología, con el fin de lograr un mejor cubrimiento de la alta demanda que se está generando en redes y conexión.

“Hay que dejar el camino preparado para que la tecnología llegue a todo el mundo.”

Así mismo, los mecanismos de financiación deben actualizarse. Una vez pase esta pandemia, las capacidades económicas no serán las mismas por un tiempo y, las Asociaciones Publico Privadas, pueden ser un buen mecanismo de financiación para el desarrollo urbano. Esta y muchas otras formas de financiación para el desarrollo territorial, deben ser bienvenidas en los POT, dentro del marco del reparto equitativo de cargas y beneficios.

4. Salud: Los hospitales cobran con creces su importancia.

Entendiendo a los hospitales o centros de salud como equipamientos urbanos, son estos los que permiten a los ciudadanos ejercer su derecho a la ciudad.

El Estado, tiene una deuda social que se ha puesto en evidencia con esta pandemia. Por ello, los POT deben reglamentar la construcción de hospitales con mejores espacios de atención, que cubran la nueva demanda sanitaria que hoy y siempre estará tocando sus puertas.

Para cerrar, considero que las grandes ciudades están siendo nodos multiplicadores de la pandemia, y son modelos en donde sus comunidades son cada vez más difíciles de manejar. Por ello, es bueno propender a ciudades medianas como una forma más eficiente de ordenación urbana, mejorando la prestación de servicios públicos, y permitiendo a sus administradores garantizar el derecho a la ciudad.

El reto está sobre la mesa. Las circunstancias, aunque difíciles, ponen el viento a favor de las autoridades para que inicien las revisiones de sus POT, que serán como una constitución política para el ordenamiento físico de los territorios.

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