Columna


Gabo en El Universal

Antes de que el comején siguiera devorando las letras de ese viejo libro, pasta verde, que reposa en el archivo del periódico El Universal, me propuse trasladar a la web, cada una de las columnas escritas por Gabriel García Márquez en su paso por este diario.

JAVIER RAMOS ZAMBRANO

05 de enero de 2020 12:00 AM

Antes de que el comején siguiera devorando las letras de ese viejo libro, pasta verde, que reposa en el archivo del periódico El Universal, me propuse trasladar a la web, cada una de las columnas escritas por Gabriel García Márquez en su paso por este diario, aunque también las podemos encontrar en el libro Textos Costeños, con la gran recopilación de Jacques Gilard.

Con la etiqueta #TBT (throwback thursday) que se traduce al español como ‘reminiscencias de los jueves’, las subí todos los jueves a mi blog. En el siguiente enlace, a tan solo un clic, pueden leerlas, disfrutar y analizar los primeros pasos del gran estilo de nuestro Nobel de Literatura en esa época: https://www.eluniversal.com.co/blogs/en-un-2x3/tbt-las-columnas-de-gabriel-garcia-marquez-en-el-universal.

García Márquez llega de Bogotá, donde cursaba primer año de Derecho en la Universidad Nacional; a Cartagena en 1948, después del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán. Se encuentra en la calle con el médico y novelista Manuel Zapata Olivella, quien lo lleva a El Universal y se lo presenta a Clemente Manuel Zabala, su gran guía como jefe de redacción. El director y fundador era Domingo López Escauriaza.

Tenía 21 años cuando empezó a publicar, desde el 21 de mayo de ese año, sus columnas acronicadas bajo el título: Punto y Aparte. Conté 35. Hay que decir que realmente opinó más, en la sección Comentarios, hasta octubre de 1949. En 1950 se va a El Heraldo, a escribir una sección titulada La jirafa, por Septimus.

Me dice el escritor y periodista Gustavo Tatis Guerra, que Gabo, en sus primeros meses en El Universal, dormía sobre los rollos de noticias. “El director Domingo López le decía: ‘Si no tienes donde dormir, quédate en mi oficina’”. La sala de redacción quedaba en la calle San Juan de Dios, donde varios periodistas hacían turnos para sentarse a escribir en una de esas viejas máquinas Remington.

Añade Tatis Guerra: “Yo creo que el caso de García Márquez es el caso de un genio, era un genio porque a esa edad nadie escribía así. A esa edad estaba escribiendo ya como un novelista, un escritor de ficción, tenía mucha imaginación además”.

Es cierto, al leer cada una de sus columnas, no es difícil percibir a un Gabo inspirado e inspirador. Todos sus sentidos se trasladaban a las letras. Miren no más cómo empieza este perfil literario al acordeón: “No sé que tiene el acordeón de comunicativo que cuando lo oímos se nos arruga el sentimiento. Perdone usted, señor lector este principio de greguería. No me era posible comenzar en otra forma una nota que podría llevar con propiedad el manoseado título de ‘Vida y pasión de un instrumento musical’. Yo, personalmente, le haría levantar una estatua a ese fuelle nostálgico, amargamente humano, que tiene tanto de animal triste. Nada sé en concreto acerca de su origen, de su larga trayectoria bohemia, de su irrevocable vocación de vagabundo...”.

Leámoslo otra vez.

Periodista. Magíster en Comunicación. Twitter: @javieramoz

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