Médicos: ¿aplausos o dignidad?

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Mientras el Presidente de la República promulgaba los primeros decretos enfrentando la pandemia de COVID-19, en Cartagena de Indias, Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad, los médicos y paramédicos que laboran en clínicas y hospitales públicos llamaban desesperados a los medios de comunicación, suplicando un trozo de pan.

Mientras la ciudadanía se asomaba a los balcones y aplaudía al ‘Ejército de la Salud’, hombres y mujeres humildes que exponen su vida luchando contra el microscópico, pero mortal enemigo, muy pocos saben que casi todos ellos van a la batalla sin guantes ni tapabocas, convirtiéndose en víctimas inocentes de un sistema que colapsó hace años, pero que sigue vigente desde cuando la salud se volvió una vulgar mercancía.

Mientras los gerentes de las EPS se transportan en confortables automóviles –con honrosas excepciones–, la mayoría de los trabajadores del sector salud en Cartagena van y regresan a pie encontrando sus despensas vacías. Mientras la esclavitud se eliminó en Colombia hace 169 años y, durante este lapso los trabajadores adquirieron Derechos Constitucionales y Laborales intocables, a un número creciente de galenos y personal auxiliar los tratan cual mulos de carga o vacas lecheras, pisoteando su dignidad y haciendo añicos la justicia. Mientras los intermediarios financieros, creados por la Ley 100 de 1993, obtienen utilidades multimillonarias, cancelan a cuenta gotas las facturas vencidas a los centros asistenciales, como si fueran limosnas, de esas que se reciben de rodillas. Mientras escasean insumos y equipos en el Hospital Universitario del Caribe, Clínica de Maternidad Rafael Calvo y Casa del Niño, para cumplir estrictamente los protocolos, algunos mercaderes de la salud retozan en oficinas presidenciales.

Mientras que en toda Colombia solo existen 12.000 camas de Cuidados Intensivos (UCI) de Adultos, en Cartagena contamos con 137, que no dan abasto en épocas tranquilas.

Mientras el presidente Duque, visiblemente conmovido, anunciaba entre bombas y platillos la entrega de una “prima adicional” a TODOS los integrantes del bravío ‘ejercito de batas blancas’, en la práctica este beneficio solo lo recibirían algunos privilegiados contratados laboralmente, pues a la inmensa mayoría, vinculados mediante bolsas de empleo, cooperativas u órdenes de prestación de servicios, no se les entregará ni un centavo por el fantasma del prevaricato. ¡Sálvese quien pueda!

Y mientras usted está acuartelado en su residencia, leyendo esta columna que me sale del alma, nuestros hijos, que escogieron ser médicos o enfermeras, se convierten en mártires anónimos, poniéndole el pecho a la insaciable pandemia, sin un solo centavo en los bolsillos.

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