Milagros en isla pirata

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5 morrocoyes y tres estrellas de mar.

Todas las veces que voy a la Isla del Pirata, en el Archipiélago del Rosario, siempre Gaia, la madre tierra, me depara una sorpresa que tiene el viso de milagrosa.

La primera vez, hace medio siglo, fue el milagro más grande, porque me salvó la vida y allí encontré el amor eterno. Venía yo de una jornada campal durante la filmación de la película ‘Queimada’ en una escena sencilla en el Palacio de la Inquisición, donde Marlon Brando estaba brindando con el gobierno de los criollos y yo le pedí, por orden de Gillo Pontecorvo, algo que le ‘sacó la piedra’ al gringo, quien como un loco tiró la copa contra el muro y me gritó a la cara: “Yo no soy una marioneta electrónica, tienes que respetarme”, y se fue del set tirando puertas y gritando “respect” (respeto).

Y solo le había pedido que subiera una media pulgada la copa de champagne. Yo también salí del set ‘cabreado’ y decidí una locura: mi noviecita Jacqueline estaba con toda su familia y los amigos en las islas, yo tenía una cayuco bien armado con mástil y botavara de mangle rojo, su vela mayor y su timón de ceiba; salí del Hotel Caribe a las siete de la noche y una brisita suave me llevó hasta Bocachica, pero la luna de miel duró poco, apenas salí al mar abierto, el Dios del Viento Caribe decidió que no le iba a permitir a este napolitano surcar sus aguas sin ambages, y me mandó unas ráfagas de vientos del Este a 25 y 30 nudos (entre 46 y 55 km/h) que me llevaron cabalgando olas de dos y tres metros varias millas afuera de Isla del Tesoro.

Perdí el timón, la vela se enrolló, comencé a orar, saqué el mástil y me acosté en la sentina esperando una muerte que sería completamente desconocida; pero los dioses que son sabios, decidieron ahorrarme esta muerte estúpida y me llevaron con una brisa amanecida hasta el muelle de la Isla del Pirata, donde Gina Benedetti gritó: “un náufrago, un náufrago”.

Esta vez Gaia me regaló una visión: mis nietos Miranda y Lorenzo, exploradores de la isla desde su nacimiento, vinieron a mi cabaña gritando algo que no entendía.

Al principio no son cuatro ni cinco ni seis, el alboroto era tal porque los niños encontraron cinco tortuguitas mínimas de la raza de la tortuga de la isla, una vieja morrocoy solterona comedora de patilla; milagro pues, pero la performance no acaba aquí, en el mar careteando vimos tres estrellas de mar que hacía años no se veían por allí, y entonces entendí que la madre tierra se va a defender y no hay poder humano que acabe con el milagro de la creación.

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