Columna


Verdades para no repetir la violencia

IVONNE DÍAZ

04 de julio de 2023 02:37 PM

Las audiencias públicas de reconocimiento de responsabilidad dirigidas por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), además de ser parte de la fase judicial dialógica, tienen un objetivo moral de fondo: impulsar un diálogo público sobre los crímenes cometidos, en el que además del ofensor, reconozcamos como sociedad que la violencia nos alcanzó a casi todos y, por tanto, debemos comprometernos en fundar una comunidad que resuelva sus conflictos de manera pacífica.

Frente a la justicia restaurativa, entendida como un proceso especial que involucra a la víctima, al victimario y a la comunidad, el magistrado Óscar Parra ha dicho que una de las herramientas de este tipo de justicia para reconstruir las relaciones afectadas por el conflicto es el diálogo, donde se encuentran víctimas y ofensores, y donde los jueces asumen una especie de “terceridad” en el manejo de los tiempos de rabia e insatisfacción de las víctimas, así mismo, de los espacios de reconocimiento y encuentro.

La JEP estableció que el reconocimiento en las audiencias debe ser restaurativo, en tanto los ofensores no pueden justificar la gravedad de las conductas cometidas, deben reconocer el daño que causaron, mostrar voluntad de repararlo y no repetirlos.

Para comprender la forma en que estos elementos se cristalizan en el diálogo restaurativo, sin dejar de la lado que existe una permanente tensión entre las expectativas de participación de las víctimas y lo que la JEP está en condiciones de ofrecer, podemos recordar la forma en que la Sala ha priorizado los lugares, el lenguaje y las emociones dentro de estas audiencias. En estos espacios, las víctimas abren la audiencia con actos emblemáticos, en los que a través de décimas, pinturas, fotografías, plantas o telares, exigen al ofensor que diga la verdad con honestidad. Lo cual se entiende como un acto restaurativo que sitúa a las víctimas en el centro de las audiencias. Así mismo, el lugar que ocupan los magistrados y magistradas dentro de ese diálogo entre víctimas y comparecientes tienen un gran valor simbólico.

La conjunción de estos factores más allá del relato permite a víctimas, comparecientes y sociedad, comprender qué y cómo ocurrieron los hechos. La JEP por primera vez nos ha permitido escuchar en redes sociales y en horario hábil la voz de victimarios como el exsecretariado de las FARC-EP o los integrantes de la fuerza pública involucrados en los falsos positivos. A partir de estos relatos no sólo queda en evidencia la multiplicidad de actores involucrados en la guerra, sino que es posible entender cómo las alianzas que se dieron transformaron las reglas democráticas de nuestra sociedad en un conjunto de normas basadas en la violencia y el crimen.

Al narrar lo ocurrido, el compareciente reflexiona, se enfrenta a su propio relato y revive los actos crueles que ejecutó. Y aunque nunca lo sabremos con certeza, es probable que en ese ejercicio haya existido un proceso de arrepentimiento del que parte el reconocimiento de responsabilidades. También observamos un país que ha cambiado, pues cada vez más se fortalecen sectores sociales que le apuestan a la resolución de los conflictos mediante las vías democráticas y el diálogo, poniendo así la primera piedra para la reconciliación.

*Investigadora de Dejusticia

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