Columna


Voluntad Política

JAIME HERNÁNDEZ AMÍN

25 de marzo de 2017 12:00 AM

Siempre dicen que para poder realizar iniciativas públicas debe haber “voluntad política”. Al parecer, a lo que la gente se refiere por voluntad política es a las ganas de un político de dar visto bueno, o no, a una determinada iniciativa.

“En este gobierno hay voluntad política para invertir en turismo” o “hace falta voluntad política para avanzar en salud”, siempre se escucha por ahí. Esta visión errada de “voluntad política” encarna nuestra idiosincrasia de creer que quien ostenta el poder tiene voluntad absoluta sobre lo que se puede o no se puede hacer desde la función pública, y representa gran parte del problema de la democracia colombiana.

El concepto de “voluntad política” nace de Rousseau, y lo define como la suma de intereses que tiene un pueblo en común; la voluntad general. Además, la distingue de la voluntad particular, que son los intereses que podemos tener tú o yo, o intereses particulares de una determinada facción política, la cual por ningún motivo debe representar la voluntad de un gobierno.

Es increíble como un concepto descrito hace un poco más de 250 años siga tan vigente. La voluntad política de la que habló Rousseau explica la carencia de ella que algunos declaman en Colombia. Creo que todos podemos coincidir en que la mayoría del precario 40% que vota son votos comprados con recursos mal financiados, y estos votos, queramos o no, representan la voluntad general del pueblo. ¿Ya ven por qué la mayoría de los políticos hacen lo que se les da la gana?

La única forma de cambiar esto y lograr que la voluntad política sea realmente la voluntad general es haciendo que la gente vote mejor, y para votar mejor la gente tiene que estar mejor informada y requerir menos necesidades básicas.

La semana pasada conversé con Joanna Caddy, miembro de la dirección de educación de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), quienes tienen un plan muy simple; ofrecer a gobiernos unas estrategias educativas para cultivar sociedades más capaces y cultas, así, cada generación será más productiva (tendrá mejores ingresos) y elegirá mejores gobernantes.

El problema, me decía, es que en los países donde más se necesita esto es donde menos “voluntad política” hay para aplicarlo. Adivinen qué país está entre esos.

Si la solución de este círculo vicioso fuera fácil, muchos países en vía de desarrollo como Colombia la estarían aplicando. La clave está en divulgar esta información e iniciar una revolución pacífica en la que cada vez seamos más los conscientes de que hacemos las cosas al revés, y que no podemos pedirle a los políticos “voluntad” para una cosa cuando las razones por las que llegaron al poder son otras.

 

jaime.hernandez@sciencespo.fr