Las inundaciones en Cartagena y la destrucción de casas como en San Francisco y las faldas de La Popa fueron atenuadas gracias a los proyectos de Vivienda de Interés Social de esta Administración, que pudo ocupar varias decenas de casas con las familias víctimas de estos desastres.
A pesar de las faldas mutiladas por los invasores en La Popa, la ciudad salió bien librada al no pasar cosas peores allí. La Alcaldía atendió bien los desastres en los barrios marginales de Cartagena, aunque sigan faltando muchas cosas para los desarraigados.
Las inundaciones rurales fueron peores, ya que arrasaron pueblos enteros y miles de hectáreas de cultivos. Las obras del Canal del Dique, pospuestas durante ocho años por un ministro anti Caribe, tendrán que hacerse con mayor ambición y envergadura, pero si hubiese estado lista al menos la esclusa de Calamar, los daños hubiesen sido menores.
En Cartagena y Bolívar, las calles y carreteras tendrán que ser reconstruidas y el Gobierno nacional tendrá que ocuparse de la Troncal de Occidente. Las bancadas de entrada y salida a Gambote tendrán que ser levantadas y ampliadas para que puedan sobrevivir una repetición de La Niña.
Reversar la concentración de la propiedad de la tierra en Montes de María y otros lugares sigue siendo un reto para el Gobierno nacional, sobre todo para que el campesinado las pueda tener buenas y suficientes. Garantizada la seguridad alimentaria rural y urbana mediante los campesinos, bienvenidas las grandes compañías agroindustriales para generar empleos de calidad y productos de exportación.
El Distrito triunfó a través de la recuperación de las funciones de la Entidad Pública Ambiental (EPA), usurpadas por Cardique, aunque tendrá que asegurarse de que EPA tenga mejor financiación, y luchar porque los dineros que le aporta Cartagena a Cardique sean bien gastados.
El fiasco del Emisario Submarino es un golpe letal a la psiquis de la ciudad, y por supuesto, a su salud ambiental y a la de la población. No puede haber una cacería de brujas en torno a lo sucedido, pero tampoco impunidad.
Para que la desilusión del Emisario no se pueda repetir, el proceso licitatorio para el recaudo de los dineros de Transcaribe, uno de los eventos más relevantes para el presente y futuro de Cartagena, debería hacerse en la misma urna de cristal promovida por el presidente Santos, de manera que quienes tengan que estudiarla, recomendar su adjudicación y adjudicarla, se sientan bien acompañados y protegidos todo el tiempo, y la ciudadanía bien informada.
Para un Bicentenario positivo, Cartagena tendrá que elegir un buen alcalde o alcaldesa en 2011 con el mismo talante honrado de Judith Pinedo. La corrupción no puede tomarse nunca más la oficina principal de la propia Alcaldía.