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Editorial

Por unas fiestas seguras

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Cartagena ha recorrido un camino para recuperar sus históricas Fiestas de Independencia, y aunque no sea visible, ese proceso se mantiene en los numerosos grupos de folclor y cultura, y en la voluntad del Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena, por mantener una metodología de trabajo que demostró su eficacia a lo largo de los últimos 10 años.
Las Fiestas y el Reinado de Independencia han adquirido la importancia merecida en las mentes y los corazones de los cartageneros, y su agenda variada y extensa convoca el interés tanto como los actos del Concurso Nacional de Belleza.
Para fortuna de Cartagena, ambos eventos siguen enriqueciéndola ahora. Las Fiestas de Independencia están convirtiéndose en una vía para que la ciudadanía desarrolle un sentido de pertenencia hacia Cartagena, aunque es una meta hacia la que todavía hay que recorrer mucho camino.
Es preciso continuar fomentando la recuperación y continuidad de las fiestas barriales autóctonas, por lo cual hay que celebrar que un grupo de gestores culturales haya decidido convertir el último acto vandálico que aún le quedaba a las fiestas, el Carnaval de San Diego, en una celebración cultural en armonía con las otras manifestaciones de la tradición popular, desterrando para siempre las bolsas de agua, la harina y los buscapiés.
Ya se ha visto que las celebraciones de barrio que se volvieron nichos de violencia e irrespeto, como El Patial, en Manga, terminaron desapareciendo, y esa dinámica hay que mantenerla.
Es alentador el gran salto cualitativo y cuantitativo que se ha notado en las Fiestas de Independencia de los últimos años, y esperamos que, gracias al esfuerzo de todas las personas que se han desvelado por su fomento y organización, este año sean aún más atractivas y coloridas.
Valdría la pena examinar la posibilidad de fundir los dos bandos o desfiles multitudinarios: el de las reinas nacionales y el de la Independencia, porque a pesar de los argumentos legítimos de quienes defienden el sentido original y autóctono de las Fiestas, las candidatas departamentales podrían ayudar a engrandecerlo en lugar de desgastarse en dos eventos separados que hacen muy densa la temporada festiva.
Esperamos que este año, como ha ocurrido en la última década, las Fiestas transcurran sin sobresaltos y que no tengamos que lamentarnos de nada.
Es un buen síntoma que a dos semanas de empezar los días festivos, no se escuche el salvaje y violento sonido explosivo de los buscapiés, causa de muchos dolores en el pasado, pero de todos modos las autoridades tienen  que evitar que resurjan.
Tampoco se ha visto aún a los impertinentes que insisten en lanzar bolsas de agua, como se veía antes desde mediados de octubre, no sólo desarraigados de barrios marginales, sino también los privilegiados que se parapetaban en los balcones y azoteas de los edificios del estrato seis. Mientras más se consoliden y maduren las Fiestas populares, mejor le irá a la ciudad.
Confiamos en que a pesar de sus sobresaltos administrativos, las autoridades de la ciudad estén listas para garantizar unos festejos sin mácula. 

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