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Editorial

Fin de fiestas, ¡al fin!

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Los 15 días en que Cartagena ha estado sumergida en las fiestas y en el reinado de belleza seguramente le han significado enormes ingresos económicos, la mayoría para el sector turístico, que le permite mantener el buen número de empleos que genera. También el Gobierno distrital recibe dinero por impuestos y por los permisos para la inmensa variedad de actividades.
No dudamos de que el reinado y sus actividades paralelas sean beneficiosos para Cartagena. Pero habría que preguntarse si no sería más provechoso no someter a la ciudad a una parálisis en su cotidianidad, con innumerables perturbaciones, como la imposibilidad de llegar con agilidad a ciertos lugares, y perjuicios grandes a ciertos negocios que quedan aislados sin remedio.
El hecho de que las dos primeras semanas de noviembre incluyan dos lunes festivos seguidos convierte este período en una fiesta de 15 días, buena parte con cierre de actividades bancarias y de oficinas públicas, notarías y despachos judiciales, obligando a la gente a esperar hasta que pase el estropicio festivo para adelantar sus trámites.
Muchos establecimientos comerciales de la ciudad, especialmente los del Centro Histórico, se ven obligados a un receso demasiado prolongado que afecta su economía.
Conocimos el caso de cinco personas que perdieron sus vuelos a Bogotá y Medellín porque al salir de Bocagrande y El Laguito hacia el aeropuerto, se encontraron la Avenida Santander cerrada por varias horas, durante dos días consecutivos, a causa de la Carrera 10K y el Gran Premio de Karts, que generaron los embotellamientos de tráfico más grandes y densos que se recuerden. Como los cinco casos anteriores seguramente hay muchísimos más.
El aumento de la población y del parque automotor de Cartagena no permiten ya el cierre prolongado de importantes cruces viales, porque el diseño urbano local es demasiado estrecho.
Hay que reconocer que no pueden organizarse competencias como estas dos en el Centro Histórico y zonas aledañas, ni tampoco volver a meter la Vuelta a Colombia en bicicleta al sector turístico, porque no hay manera de desahogar los taponamientos y las molestias para el habitante de esta ciudad. El Distrito debería planear con seriedad rutas alternas útiles antes de siquiera pensar en volver a cerrar una sola arteria principal.
Para empeorar las cosas, hubo inseguridad debido a peleas y accciones de vandalismo en los barrios, hechos que parecían haber quedado atrás por el trabajo comunitario en las Fiestas durante el cuatrenio de Judith Pinedo, convirtiéndose ahora en tragedia lo que debía ser fiesta.
Hay que pensar en otras alternativas que no generen acumulación de multitudes en lugares tan estrechos, y tanto el Concurso de Belleza como las Fiestas de Independencia deben adaptarse a la estrechez urbana de Cartagena y cambiar la naturaleza de sus eventos.
La mayor parte de los habitantes de Cartagena respiraron aliviados ayer con las últimas actividades de estas fiestas demasiado largas. La ciudad tiene que repensar todo lo anterior cuidadosamente. No debe sacrificar el turismo, pero tampoco puede permitir los mismos traumatismos el año entrante.

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