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Editorial

El nivel creciente del mar no perdona

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Cartagena parece que tuviera un sino fatal que la obligara a andar de desilusión en desilusión. Nos atropella el ejemplo de Transcaribe, que ya lleva 8 años, no funciona aún y sigue con problemas.
Transcaribe arrancó desde el principio con traumas. La mayoría de los contratistas que trabajan con el Estado tienen muchísimos más abogados que ingenieros y la plata no siempre se gana trabajándole al Gobierno, sino demandándolo.
A pesar de las advertencias repetidas de este periódico acerca del cambio climático, que a los alcaldes de entonces no les parecía importante o lo creían muy lejano, no diseñaron las calzadas de Transcaribe en el casco antiguo con alturas que las resguardaran del nivel medio del mar creciente y sus mareas cada vez más altas.
Ahora la ciudad tiene que recurrir a medidas que se hubieran podido obviar para que no se inunden las áreas cercanas al Camellón de los Mártires, Parque del Centenario y Centro de Convenciones.
El Distrito acaba de anunciar que pavimentará la avenida del Arsenal y pudiera ocurrir lo mismo, porque no tenemos aún un plan maestro de lo que se necesita hacer con las vías de Cartagena y con sus normas de construcción para prever el “futuro”, que ya se nos mete a las calles con cada vez más agua salada.
Bocagrande, Manga, Marbella y La Boquilla se convirtieron en coto de caza de urbanizadores inmediatistas, y al igual que los promotores de Transcaribe, tampoco escucharon ni previeron lo que se sabía pasaría con el nivel del mar. Hubieran podido construir los edificios del boom más reciente con especificaciones previsivas, pero tampoco sucedió y los aparcaderos y entradas de muchos quedaron demasiado bajitos.
Todos saben que la única solución de los barrios del litoral es mudar los que aún se puedan mover, y subir la altura de las calles en los que tienen ya muchos edificios. Esto implicará sacrificar a mediano plazo algunas casas y los primeros pisos de la mayoría de las torres de apartamentos, pero nadie quiere hablar de ello a pesar de que Invemar tiene un mapa (o “render”) interactivo que muestra cómo y dónde se inundará la ciudad con los próximos incrementos en el nivel del mar.
Al paso que vamos, no solo se esperará hasta que el agua salada entre a los lobbies de los edificios de hoy para hacer algo, sino que se terminarán de construir igual de defectuosos los que ya tienen licencia, apenas cuenten  con la financiación para arrancar. Ese es un debate que debería haber dado el Concejo desde hace años, y que tendrá que dar ya para evitar mayores desastres.
Toda la ciudad tiene que respaldar al Concejo para ponerle el pecho a este problema mayúsculo y que necesita los talentos y recursos profesionales de todos los ciudadanos locales.
El Gobierno nacional tendrá que ayudar, pero los cartageneros tienen que tomar la iniciativa antes de que los folletos turísticos anuncien expediciones de buceo zarpando desde los muelles de Turbaco para conocer el Centro Histórico de Cartagena.

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