La polémica causada por la publicidad política que afea a la ciudad en cada contienda electoral se recrudeció en Cartagena con motivo de la elección atípica de Alcalde que se realizará el 14 de julio próximo.
Si el voto de opinión es consecuente con premiar o castigar los principios de los políticos, quienes lo practican ya habrán hecho su tachón en la tarjeta imaginaria donde se lleva el puntaje que el elector le asigna a cada candidato, según ensucie a la ciudad con su publicidad en los espacios públicos.
Antes de que comenzara el empapelamiento de Cartagena en esta elección recordamos aquí que un candidato en alguna elección pasada “afichó” con furia todo lo que pudo: postes de energía, paredes públicas y privadas, vehículos de transporte público, entre muchas otras formas de abusar contra la ciudadanía. Sus contratistas se movieron con una agilidad felina y en una sola noche cubrían áreas enormes de la ciudad. Cuando fue cuestionado, dijo que él no tenía la culpa de que sus seguidores más fanáticos esparcieran su publicidad espontánea y libremente por la ciudad.
Este año el cinismo avanzó un paso más, ya que una persona en la contienda atípica dijo que eran sus enemigos quienes, mostrando igual agilidad nocturna, habían llenado la postería de la energía eléctrica y paredes con su rostro. Semejante cuento no se lo cree ni la propia persona que lo dijo.
También existe la incongruencia de cualquier aspirante que se defina a sí mismo como de talante cívico y no politiquero, pero justifica sus afiches en cualquier espacio público porque ya los contrincantes pusieron los suyos allí y entonces “toca” hacer lo mismo. ¿También “tocará” comprar votos?
Y como sucede en cada elección, la Alcaldía regula la publicidad política cuando ya la ciudad está vilificada. En esta contienda pasó lo mismo, con el agravante de que el decreto será casi imposible de aplicar. ¿Quién decide qué es una valla y cuánto mide? ¿Qué es un afiche y cuánto mide?
Y lo más increíble es que permite empapelar los postes de la energía siempre y cuando el área abusada no exceda una cuarta parte del asta. ¿Algún funcionario saldrá a medir cada poste empapelado? ¿Qué pasará cuando haya treinta afiches de un candidato, pero los únicos tres de otro aspirante son los que exceden la cuarta parte del poste? ¿Cuál de los dos candidatos será sancionado?
Lo sensato es prohibir empapelar la ciudad y definir unas áreas públicas para el uso de todos los aspirantes con sus afiches en sitios estratégicos, con buena afluencia de personas, para que puedan ver los rostros de quienes aspiran a su voto. Igualmente, debe haber sitios comunes para poner las vallas, garantizándoles a los candidatos que estarán juntos, donde los electores podrán verlos a todos y conocer los puntos sobresalientes de sus programas.
Ensuciar la ciudad no es una buena muestra del talante de quienes nos quieren gobernar.