comscore
Editorial

El parque del cangrejo azul

Compartir

Un parque dedicado a un cangrejo no es común en el mundo, especialmente en honor a uno azul, aunque nos informa un “cangrejólogo” cartagenero, el zoólogo investigador y “Curador de crustáceos” del museo Smithsonian (National Museum of Natural History, Washington) durante 26 años, Rafael Lemaitre V. quien es PhD en Oceanografía Biológica,  que hay otro parque en Brasil dedicado a este mismo crustáceo, cuyo nombre científico es Cardisoma guanhumi.

El cangrejo azul, dice Lemaitre, “es del género Cardisoma, que viene de la latinización de 2 palabras griegas: kardia, corazón; y soma, cuerpo. El cuerpo, sin las patas, sí parece un corazón...” y nos aclara que “la especie la describió y bautizó el famoso naturalista francés Pierre André Latreille, en el año 1828...”

Lemaitre dice que antes este crustáceo abundaba tanto en la ciudad que “seguramente dio lugar al nombre de la aldea indígena Calamarí, que todos sabemos significa cangrejo y existió en lo que hoy es Cartagena.   Pero no solo eso.  Según los historiadores, en el diseño de la primera bandera de Cartagena aparecían tres cangrejos alusivos al nombre Calamarí, los cuales lamentablemente fueron rápidamente eliminados por considerarse ridículos en aquel entonces, y dando así lugar a una nueva bandera, la cuadrilonga”.  

Casi todos los cartageneros mayores de cincuenta años recuerdan las famosas marchas del cangrejo azul una vez al año, a fines de junio, cuando salen de tierra firme hacia nuestros cuerpos de agua, de lo que nos explica Lemaitre V:

“De la migración masiva se sabe que con las lluvias se alborotan y empiezan comer, engordar y aparearse. Una vez los huevos en las hembras están casi listos para eclosionar, salen en masa a buscar aguas salobres a soltar los huevos en el agua, donde enseguida eclosionan en forma de un estadío de larva que se llama zoea”.

Todo lo anterior nos indica que el monumento al cangrejo azul no es un capricho y que haberlo reconstruido fue un acierto de la Gobernación, dado que es una especie ligada a la cultura de esta tierra desde hace siglos.

Nunca pensábamos en años anteriores que este crustáceo se pudiera acabar, pero no hay dudas de que está muy amenazado por su sobrexplotación y por los daños irreversibles a su hábitat. En la época de la marcha  hacia el agua era común ver miles en las carreteras costeras, especialmente la de Mamonal cuando aún tenía muy poco tráfico. Hoy en la zona norte de la ciudad aún lo hay en abundancia, pero si no se toman medidas, pronto se acabará aquí también, especialmente porque en algunos casos los capturan con veneno y en muchos otros, fuera de temporada y durante casi todo el año para vender sus muelas, aunque toda esta criatura se usa en algunas de las recetas más deliciosas de nuestra cocina tradicional, como el arroz de cangrejo, cada día más escaso.

Ojalá que se pueda preservar este cangrejo en vivo, y no solo en una estatua en Crespo, por lo que las autoridades ambientales deberían diseñar una estrategia para protegerlos. 

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News